La relatividad y las “meninas”
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Solemos entender que arte y ciencia, son dos conceptos opuestos, pero eso se debe únicamente, a la penosa incapacidad de nuestro sistema educativo y académico, para romper fronteras y estimular proyectos interdisciplinares.
Nuestro cerebro suele indicarnos, que el arte es el mundo de la creatividad, y la ciencia de la precisión. Tonterías, nos decía Javier Sampedro. El artista, arquitecto y científico Filippo Brunelleschi, descubrió, en los albores del “quatrocento”, unas leyes de la perspectiva, que no sólo poseen una precisión matemática, sino que han sido saludadas por premios Nobel, como Frank Wilezek, como un paradigma de la elegancia, la cima del pensamiento científico.
Los físicos suelen considerar que la relatividad general de Einstein, es una obre de arte: la materia le dice al espacio cómo curvarse, y el espacio le dice a la materia cómo moverse. Es la teoría gravitatoria que superó a la de Newton, y constituye uno de los mayores hitos científicos de la historia. Pero además es una obra de arte, dotada de una autoconsistencia, similar a la de una gran novela o un cuadro perfecto. La relatividad es las “Meninas“ de la ciencia.
Unas tablillas cuneiformes, demuestran que los ancestrales mesopotámicos, ya conocían lo que ahora llamamos escala pitagórica (do, re, mi, fa, sol, la, si, do… y vuelta a empezar). Esa escala es el cimiento universal de toda música. Y se obtiene con unos algoritmos de insultante simplicidad, como dividir la cuerda a dos tercios de su longitud, y repetir siete veces (para músicos: hay que empezar por fa). El experimento de Pitágoras, demuestra que nuestra experiencia estética, se basa en las matemáticas.
El resultado es tan asombroso, que Pitágoras y su secta se pasaron de frenada, e inventaron una religión, que se conoció como la “armonía de las esferas”. Aquello fue un desastre. Sí hay principios numéricos simples, que rigen el sistema solar, como las leyes de Kepler, pero Pitágoras no podía haberlas descubierto en su tiempo, menos aún creyendo, como creía, que la Tierra era el centro del universo.
“La armonía de las esferas” no es una teoría bella, entre otras cosas porque es errónea. La belleza de nuestro sistema solar, reside en las leyes de Kepler y en su interpretación por Newton. Es una estética que no se puede apreciar sólo con el ojo, pero sí con las matemáticas de bachillerato.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.