Alzamiento nacional
Durante muchos años hemos visionado a la derecha franquista española en versión doblada. En cierto sentido, literal y figuradamente. Nunca dejaron de ser lo que fueron, creer en lo que creían y beneficiarse “montorazmente”. Un franquismo camuflado de “liberalismo”. Cuando decían “medidas para mejorar la productividad”, debía entenderse desproteger a los trabajadores. La frase “combatir la inflación” era la traducción de “bajar los salarios” y “hacer más eficaz la administración”, en la versión original, “privatizar a mansalva”. Mejorar la competitividad en la Comunidad Valenciana fue la excusa para financiar a las empresas que llevaban su producción a Asia. Ya en tierra, por supuesto, abrir las fosas comunes para dignificar a los demócratas asesinados era, “reabrir heridas ya cerradas y enfrentar a los españoles” que, en versión original, “no destapéis los crímenes que cometimos y nos enfrentéis a reconocer todas las venganzas asesinas y abusos de indefensos cometidos en los 40 años de paz”. La aborrecible del franquismo, además del golpe de estado, fue la represalia que siguió sobre los vencidos, especialmente a la población civil. En cierto sentido anticiparon la política de Estados Unidos con el Proyecto Camelot: la vía mas directa para terminar con ideas de izquierdas es cortar (o doblegar) la cabeza que las alberga.
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