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Mazo Mallete, un superhéroe español


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Fue objeto de encendidos debates allí donde la espalda pierde su casto nombre. Enseguida viene a la mente los bailes con supervisión moral del franquismo. Mano baja o cintura amplia daba para debatir las prescripciones de Adamo. La espalda pierde su nombre en la cintura y, en ocasiones, se tiene mucha (cintura). Demasiada. Por poner un ejemplo, para algunos entre el espaldarazo a la legítima defensa y un genocidio (pongamos que hablamos de Israel) ya tarda la espalda en perder su nombre. O la democracia, por continuar con el ejemplo; cuando una democracia no respeta la legalidad internacional, vulnera los derechos humanos, tortura y masacra públicamente, ¿ha perdido la espalda democrática su casto nombre o aún no? ¿Se es democracia por votar o también por los valores de la Ilustración? Usted puede seguir la reflexión…

En el mundo que vivimos, me permito proponer que la clave interpretativa, la heurística maestra, es la indeterminación del acotamiento de la cintura y los dos negociados que demarca. Le pregunto, ¿identifica usted dónde termina la espalda de la justicia y comienza el glúteo justiciero? ¿Dónde acaba el imperio de la ley y se inicia el reinado de los jueces? Difícil cuestión cuando se trata de conceptos físicos ideológicamente indeterminados.

En España viene de origen. En los años 70 se planteaba si la cintura de la Transición se ubicaba en la ruptura o en la reforma. Grave cuestión viniendo de dónde se venía. Y pasó lo que pasó; “de la ley a la ley pasando por la ley” elevó la cintura a categoría cervical. Cervical en lo anatómico y cerval en lo psicológico. Tres mayorías absolutas les concedió la sociedad para democratizar algunas instituciones del Estado y meter el franquismo en cintura. No lo hicieron. Confiaban quizás en el cambio social, en Europa y la modernización. O quizás más de 200 diputados se consideraron un piropo galante, destinado a acicalar el régimen con nuevos logos, colores y tipografías. A un lado olvidaron las calcificaciones del Estado con potencial para provocar en el futuro un síndrome de la “democracia rígida” en España.

El Presidente Pedro Sánchez está sufriendo los embates de la new “new wave” franquista. Desde atrás, los poderes fácticos, que siempre fueron y aspiran a continuar siendo quienes establezcan el catecismo económico. Ya saben, “subir los salarios hace a las empresas menos competitivas e incrementa la inflación, subir los impuestos contrae el consumo y, como no, elevar los impuestos a los rendimientos del capital hace la economía menos segura ahuyentando la inversión extranjera…”; todo ese blablablá precocinado que contradice la política económica progresista. A todos esos ideólogos que se autonombran expertos, no les pagan por su inteligencia analítica, sino por repetir el mantra, por poner voz y rostro. Mucho rostro.

La ultraderecha varea el árbol judicial para que recojan los frutos del “escándalo” aquellos políticos para los que la Transición fue, esencialmente, un cambio de nombre.

“¿Qué importa tanto un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo “dictadura franquista”, aunque no se llamara “dictadura franquista”, conservaría sin este título las perfecciones que atesora.”

El cambio de nombre no les importó, mientras de facto conservara las perfecciones y privilegios que atesoraban. Y en esas están: que una rosa siga siendo, aunque ya no se llame rosa, así termine la política como el rosario de la aurora. Y la rosa puede estar ya en flor o en preantesis permanente. Un jefe de gabinete autonómico amenaza con golpear con mallete ajeno, como si fuese propio, en la cabeza del Presidente del Gobierno: ¿Cómo tal? Tal cual. Mallete a la mollera es el lema de campaña del PP. En el futuro, Mazo Mallete será el superhéroe de la extrema derecha extrema.

Los que sufrieron las miserias de la dictadura franquista aconsejaban a sus hijos: “no te signifiques”, “no te metas en política”. Sabían del castigo social, policial y judicial. No meterse en política no significaba solo vincularse a partidos políticos o sindicatos. Significaba “no protestes por las injusticias”, “no denuncies abusos”, “no te enfrentes, son muy peligrosos”, “no te busques una ruina”, “la ley está de su parte”… Esa era la paz social del momento.

Llegó la democracia y ahora, cuarenta y pico años más tarde, aún hay quien cree (equivocadamente) que estamos en la misma o parecida: la ultraderecha puede insultar, acosar, perseguir, denunciar con bulos… Los demócratas vuelven a preocuparse, si bien ahora injustificadamente, como demuestra notoriamente la experiencia de imparcialidad judicial.

Creer que cualquiera corre el riesgo de ser “judicialmente liquidado” a nada que se signifique, que se oponga, es un absurdo. Yo mismo lo denunciaría libremente si fuese tal el caso. Según los datos, más del 70% de españoles teme ser condenado injustamente. Es algo ilógico. Aunque todos somos entorno y a veces se tira sentencia “al bulto”, este claramente no es el caso en España. La situación no es ni remotamente preocupante. Es más, debo insistir que esto no es ironía. Si algún juez o jueza está leyendo esto, reitero que es literal. En España se hace justicia sin mirar qué, a quién, de qué o para qué. Reitero, esto es tal cual, no hay entrelíneas y por eso no hay nada de qué preocuparse. Reitero a lo López Vázquez: “Fernando Galindo, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo”. Tarara tararí… ¿Qué canción está sonando? Mira, un perro con el rabo enroscado…

El sueño de la razón. Rufián aplica la razón y engendra un monstruo. Lo que va a lograr es preparar el campo de batalla donde se visualizará la guerra perpetua. Demasiadas incompatibilidades, exceso de egos excesivos, vetos cruzados entre electorados. En fin, ya veremos qué resta de la batalla. El sueño de la razón. El equilibrio nuclear se basaba en que las potencias con armamento atómico no se atacarían entre ellas para evitar destruirse mutuamente. Desde ese equilibrio de bloques, la multipolaridad ha configurado un nuevo escenario: “las potencias nucleares no nos atacamos, pero sí podemos apretar las tuercas a terceros no nucleares”. Y la razón engendra monstruos: solo cabe dejar de ser un tercero y entrar al club. Miramos a Irán, pero Corea del Norte es el horizonte. Siendo racionales y engendrando engendros.

Catedrático de Sociología Matemática.


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