Además, si la sustancia primera es eterna, el mundo, por su parte, es engendrado y corruptible. En la base de su formación reaparecen, los cuatro elementos fundamentales de Empédocles: el fuego, el aire, el agua y la tierra, que los estoicos jerarquizan, atribuyendo un rol fundamental a los dos primeros, el fuego y el aire y, entre estos, un rol todavía más primordial al fuego, que asume un carácter creador casi divino, providencial. Dice Plutarco: “Designando como elementos primarios a los cuatro cuerpos, tierra y agua, aire y fuego, hace de los unos, no sé cómo, unos seres simples y puros y, de los otros unos seres compuestos y mezclados”. Y Diógenes Laercio dice: “El nacimiento del mundo se produce cuando, a partir del fuego, la sustancia, por mediación del aire, se transforma en humedad, la constitución más espesa y consistente, de la cual forma la tierra y, las partículas más sutiles se convierten en aire y, al hacerse aún más sutiles, engendra el fuego. Más tare, a medida que se van mezclando los elementos, aparecen las plantas, los animales y los de más seres”. Esta cita proclama una de las características fundamentales, de la visión del mundo de los estoicos, a saber, el concepto de “eterno retorno”, la evolución cíclica sin fin del universo.