Talleyrand. De camino a Brumario. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Con su ejército debilitado, e incapaz de tomar la fortaleza de Acre, Bonaparte tuvo que regresar a El Cairo, en mayo de 1799. De vuelta pues al país del Nilo, el 25 de julio derrotó a los otomanos, en su intento de desembarco en Abukir. Con la situación en Egipto estancada y la inestabilidad creciente en Francia, Bonaparte abandonó el país en una goleta rumbo a Francia, dejando al mando al general Kléber, que murió asesinado por un estudiante sirio, fanático religioso, en los jardines de su residencia de El Cairo el 14 de junio de 1800, el mismo día en que su viejo amigo y camarada Desaix, caía muerto en la batalla de Marengo. Asimismo, los rumores de que su mujer le ponía los cuernos, aceleraron la partida de Bonaparte. Técnicamente su regreso a Francia sin haber recibido órdenes de hacerlo, constituyó una deserción, pero nadie se lo reprochó.
Mientras tanto, en el continente, las fuerzas austriacas empezaban a recuperar parte del terreno que habían perdido en Italia, a pesar de los esfuerzos del ejército revolucionario, que ya se había visto obligado a evacuar Holanda y Suiza. En París la opinión pública detestaba cada día más a los miembros del Directorio, a los que culpaban de la aventura de Egipto, que nunca fue entendida por la mayoría de los ciudadanos. Afortunadamente, una vacante en el Directorio, fue cubierta por Emmanuel Sièyes (1748-1836), un clérigo filósofo austero y discreto, que vivía solo con una figura de cera de papá Voltaire junto a la cama. Buen constitucionalista, había destacado por sus panfletos en los primeros momentos de la Revolución, e intervino decisivamente en la primera Constitución, destinada a poner fin al ancien règime. Hombre prestigioso pero difícil, había rehusado siempre servir como miembro del Directorio de la República.
En mayo de 1798 fue enviado como embajador plenipotenciario a la corte de Berlín, para inducir a Prusia a hacer causa común con Francia contra la Segunda Coalición. Su conducta fue ejemplar, pero no obtuvo el resultado deseado. El prestigio que envolvía su figura, le llevó a ser elegido uno de los cinco miembros del Directorio de Francia, en lugar de Jean-Françoise Reubell, en mayo de 1799. Talleyrand no simpatizaba esencialmente con él (resultaba demasiado orgulloso y disciplente para su gusto).
Pero estas diferencias no impidieron que los dos conspiraran juntos, en busca de una alternativa al Directorio.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.