Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Ahora bien, ¿qué fue de Isabel Arundell, que ya empezaba a envejecer, a hastiarse de los incesantes esfuerzos de sus padres, por desposarla con algún caballero católico e inglés, respetable y entrado en carnes, dotado de una sólida posición financiera, durante los 33 meses en que Burton estuvo ausente? ¡Que extraña había empezado a ser ya su relación! Se dice que Burton le escribió tan solo cuatro cartas, cuatro, durante este periodo, aparte de un poema de seis versos, cuando abandonó la jungla y, hubo regresado a Zanzíbar. Ni un simple mensaje: seis versos de corte genuinamente victoriano:
“Esa frente que ante mis ojos se ofrece,
Como la palma en su santo relicario;
Esos ojos… en cuya luz se halla mi vida entera;
Esos labios… mi vino sagrado;
Esa voz cuya melodía acostumbraba a ser
La música que en sueños oye el exilado”.
“Entonces supe que todo estaba en orden”, escribió Isabel en su diario.
Isabel había pensado de nuevo en meterse monja, pero por fin se publicó la noticia del inminente regreso de Burton, noticia que leyó con una mezcla de ansiedad y de alborozo anticipado. “Me siento extraña, asustada, enferma”, garrapateó en su diario el 21 de mayo.
Al día siguiente, Isabel fue a visitar a una amiga, desconocedora de que Burton había llegado ya a Londres. Su amiga había salido e Isabel optó por esperarla. Sonó el timbre y oyó una voz conocida, que preguntaba a la doncella:
“Subió por las escaleras una voz que me heló el corazón, diciendo: ‘Quiero la dirección de miss Arundell’. Se abrió la puerta, me di la vuelta e ¡imagínese cuáles fueron mis sentimientos cuando me vi de sopetón ante Richard! Por un instante, los dos nos quedamos aturdidos… Nos echamos el uno en los brazos del otro. No sabría como describir el alborozo que me invadió en esos instantes. Había arribado el día anterior, había venido directamente, había ido a casa de mi amiga, para preguntar donde podía encontrarme…”
Se olvidaron de inmediato de tomar el té con la amiga de Isabel. Burton llevó a Isabel a la planta baja y salieron a la calle; tomaron un taxi y dijeron al conductor que los llevase… “a cualquier parte”.
“Me rodeo por la cintura con el brazo y yo apoyé la cabeza en su hombro. Estaba pasmada, no podía ni decir palabra ni mover un dedo…”
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.