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Applebaum. Dudas sobre la democracia. III


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En su conocido libro “La trahison des clercs” – obra publicada en 1927, cuyo título puede traducirse aproximadamente como “La traición de los eruditos o de los intelectuales” – el ensayista francés Julien Benda, observó y describió a las élites “autoritarias” de su época, mucho antes de que nadie más fuera consciente de su importancia. Anticipándose a mi admirada Hannah Arendt, se centró, no en las “personalidades autoritarias” como tales, sino más bien en las personas concretas que apoyaban un autoritarismo que, como él mismo podía ver, ya estaban adoptando formas, tanto de izquierdas como de derechas, en toda Europa. Benda describió a ideólogos, tanto de extrema derecha como de extrema izquierda, que pretendían fomentar, ya fuera la “pasión de clase”, en forma de marxismo soviético, o la “pasión nacional” en forma de fascismo y, acusó a ambos grupos de traicionar la labor esencial del intelectual, la búsqueda de la verdad, en favor de determinadas causas políticas concretas. Irónicamente, para designar a aquellos intelectuales venidos a menos, utilizó la palabra “clerc”, un término que en francés también significa “escribiente” y, en su sentido propiamente etimológico, “clérigo”. Diez años antes del Gran Terror de Stalin y, seis de que Hitler llegara al poder, Benda ya temía que los escritores, periodistas y ensayistas, reconvertidos en emprendedores políticos y propagandistas, incitaran a civilizaciones enteras, a ejecutar actos de violencia. Y, en efecto, eso sería lo que ocurriría.

En caso de producirse – opina Anne Applebaum – la caída de la democracia liberal en nuestra época, no se parecería a lo que sucedió en las décadas de 1920 o 1930. Aun así, para que triunfe, necesitará a una nueva élite, una nueva generación de “clercs”. La desintegración de la idea de Occidente, o de lo que a veces se denomina “el orden liberal occidental”, necesitará pensadores, intelectuales, periodistas, blogueros, escritores y artistas, que socaven nuestros valores actuales y, luego diseñen el nuevo sistema. Pude que procedan de distintos orígenes. En la definición original de Benda, los “clercs” incluían, tanto a ideólogos de derechas como de izquierdas. Ambos siguen aún entre nosotros. Hubo, sin lugar a dudas, cierta sensibilidad autoritaria, presente en toda una generación de agitadores universitarios de extrema izquierda, que pretendían dictar como pueden enseñar los profesores y, que pueden decir los estudiantes. Hoy esa corriente, está presente en los instigadores de masas de Twitter, que tratan de derribar, tanto a personajes públicos, como a personas normales y corrientes, por violar códigos discursivos no escritos. Estuvo presente, entre los intelectuales reconvertidos en asesores de comunicación política del Partido Laborista británico, que impidieron que se cuestionara el liderazgo de Jeremy Corbyn, incluso cuando quedó claro que su agenda de extrema izquierda, contaría con el rechazo del país.

Pero, aunque el poder cultural de la izquierda autoritaria, vaya en aumento en ciertos ambientes, los únicos “clercs” modernos, que han obtenido un auténtico poder “político”, en las democracias occidentales, pertenecen a movimientos de lo que habitualmente llamamos “la derecha”. Se trata, es cierto, de un tipo concreto de derecha, que poco tiene en común, con la mayoría de los movimientos políticos etiquetados como tales, desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La nueva derecha no quiere conservar ni preservar, nada de lo existente. En la Europa continental, la nueva derecha desdeña a la democracia cristiana, que utilizó su base política eclesiástica, para cimentar y crear la Unión Europea, tras la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial. En Estados Unidos y el Reino Unido, la nueva derecha ha roto con el obsoleto conservadurismo con minúscula – el conservadurismo burkeano, de Edmund Burke – sospechoso de cambiar rápidamente en todas sus formas. Aunque odia el término, la nueva derecha es más bolchevique que burkaneana: son hombres y mujeres que quieren derrocar, sortear o socavar, las instituciones existentes, destruir todo lo que existe.

Pues eso.

Continuará.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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