Talleyrand. El Consulado. IV
Para Talleyrand, la batalla de Marengo fue una encrucijada azarosa. Indudablemente la victoria constituyó un éxito para una Francia alicaída y confusa. Cuando le dijo a Napoleón que “Marengo decidirá el destino de Europa”, no se trataba de un halago más. Como le dijo a un banquero amigo suyo, la victoria que había puesto a Italia a los pies del general vencedor, le habría dos caminos y, esperaba que el cónsul fuera a elegir “el correcto”. Podía optar por una Europa federal, en la que cada uno de sus príncipes, si era derrotado, siguiera siendo dueño de su reino, a cambio de conceder unas condiciones de paz favorables al vencedor, pero siempre manteniendo su independencia. Pero ¿y si el vencedor optaba por la anexión de sus conquistas? En este último caso, se adentraría por una senda que no tendría fin, en detrimento, en última instancia, de su propio país.
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