Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Bárbara Tuchman se sintió profundamente molesta, cuando los reseñadores, en especial los pertenecientes al ámbito académico, afirmaron con desdén, que “Los cañones de agosto” era ‘historia popular’, queriendo decir con ello que, al venderse numerosos ejemplares de la obra, ésta no satisfacía los niveles de exigencia, en cuanto a calidad. Tuchman ignoró, por regla general, la política, seguida por muchos escritores, de no responder nunca, a las reseñas negativas, porque hacerlo, solamente provoca al reseñador, y le incita a cargar de nuevo las tintas. A la postre, Tuchman consiguió ganarse, el favor de la mayoría de los académicos. Con el paso de los años, pronunció conferencias en muchas de las universidades más importantes del país, y recibió el reconocimiento de muchas de ellas. Ganó dos premios Pulitzer, y se convirtió en la primera mujer, en acceder al cargo de presidenta, de la Academia e Instituto de las Artes y las Letras Estadounidenses, en sus ochenta años de existencia.
Bárbara Tuchman escribía historia, para narrar la historia de la lucha, los logros, las frustraciones, y las derrotas el ser humano, no para extraer conclusiones morales. No obstante, “Los cañones de agosto”, ofrece algunas lecciones, por ejemplo, la de “Nunca digas de esta agua no beberé”.
La familia y el trabajo dominaron la vida de Bárbara Tuchman. Lo que le procuraba más placer, era sentarse a una mesa y escribir. Escribía los primeros borradores a mano, en un bloc de notas amarillo. Normalmente trabajaba cuatro o cinco horas seguidas, sin interrupción. “El verano en que estaba finalizando ‘Los cañones de agosto’ – recuerda su hija Jessica – trabajaba a contrarreloj, y estaba desesperada por ponerse al día… Para mantenerse alejada del teléfono, instaló una mesa de juego y una silla, en una vieja vaquería situada junto a los establos, una habitación donde hacía frío incluso en verano. Empezaba a trabajar a las siete y media de la mañana. Mi tarea consistía en llevarle el almuerzo, a las doce y media, que incluía un sándwich, un zumo V-8 y una pieza de fruta. A las cinco de la tarde, más o menos, solía parar”.
Uno de los párrafos que Bárbara Tuchman escribió ese verano, le costó ocho horas de trabajo, y se convirtió en el pasaje más famoso, de toda su obra. Es el párrafo con que da inicio a “Los cañones de agosto”, y dice así: “Era tan maravilloso el espectáculo aquella mañana de mayo del año 1910… “.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.