Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Mientras John H. Speke avistaba lo que podía ser el lago N’yanza o Victoria, Richard F. Burton se había enterado, mediante sus amigos árabes de Kazeh, de que en el lago residía un tal Mansur bin Salim, un empobrecido granuja, cuya subsistencia dependía de la buena voluntad del sultán, un hombre cruel e indigno de confianza, llamado Mahaya. Speke encontró al árabe de inmediato. Mansur le acompañó en algunos paseos por la orilla del lago, pero seguía sin disponer información exacta, acerca del lago y del presunto río que de él brotaba, para convertirse más allá en el Nilo. ¿Dónde se hablaba aquel río de tan gran importancia? ¿Qué tamaño tenía el lago? Speke preguntó a Mansur, pero éste no disponía de ninguna información relevante, al tiempo que un hombre que presentó a Speke, “como el más grande viajero de esta región”, resultó saber muy poco más.
El nativo añadió que nadie sabía a ciencia cierta, que extensión tenía el lago, salvo que “probablemente se extendía hasta el fin del mundo”. Speke a esas alturas, ya había logrado ofender al sultán, a Mahaya. Aunque tras aceptar las disculpas que le ofrecieron Said ben Salim y Sidi Bombay, el sultán congregó a su corte para complacer a Speke, pero “resultó que nadie sabía nada del extremo norte del lago”. Una de las esposas del sultán, que procedía, en efecto del norte, dijo además que “ella nunca había oído que existiera nada al final del lago y, que éste era de hecho infinito”. Pasado tres días a orillas del Victoria N’yanza, convencido de haber aprendido todo cuanto se podía aprender, convencido – sobre todo – de haber encontrado la legendaria fuente del Nilo, decidió regresar a Kazeh, convertido en todo un héroe, habiendo superado al propio Burton, en algo de crucial importancia.
El regreso a Kazeh discurrió sin incidentes. Speke incluso tuvo tiempo para cazar. Tomó muy simples anotaciones en su diario: “La ignorancia y la pereza de los connaturales de estas gentes, constituyen la gran desgracia de esta región”. Se quejó de la “horrorosa indolencia” de los nativos: “física y moralmente son prácticamente como los animales”. El corazón de los negros cuando uno consigue ganárselo, “es bien fácil de domeñar y de embridar como su preceptor desee, tal como es el caso de los asiáticos; bien pronto aprenden a reverenciar el superior intelecto de los europeos, y se los gobierna tan fácilmente, como gobierna un padre a sus hijos.
La caravana de Speke llegó s Kazeh el 5 de septiembre y, los árabes se apresuraron a darle la bienvenida.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.