EL OBRERO PERIODISMO DE DATOS
18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
Brasil sigue siendo un dique de contención frente a las pretensiones intervencionistas de Donald Trump en las Américas
AP Photo/Andre Penner

El domingo, los brasileños vuelven a las urnas para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Y estas elecciones son importantes no solo para el país, sino también para la región y para el mundo, porque Brasil se ha convertido en un bastión de resistencia en las Américas. En el contexto regional, Brasil, junto con Canadá y México, es uno de los pocos países que no han sucumbido a las injerencias e intentos de interferencia de Donald Trump.

Escalada de la extrema derecha

Brasil sigue siendo un dique de contención frente a la imposición de agendas que, inevitablemente, van en contra de los intereses generales de las sociedades locales, pero favorecen los intereses de determinadas élites nacionales. Por tanto, es en este contexto en el que debemos analizar las elecciones brasileñas dentro del conjunto de otros procesos electorales del mundo democrático.

En los últimos tiempos, muchos líderes trumpistas han llegado al poder en el continente. La revista británica The Economist elaboró una estadística descriptiva para intentar captar esta tendencia. Según la publicación, en 2023 había dos o tres presidentes alineados con Trump en la región. Hoy ya son 11. Si resulta elegido, Flávio Bolsonaro sería el duodécimo. La alineación de América del Sur y América Central con la Casa Blanca es incontestable.

Realismo periférico

Una corriente teórica de las relaciones internacionales que intenta explicar este fenómeno es el realismo periférico. Según esta corriente, al reconocer de forma realista que disponen de pocos recursos y de escasa capacidad económica, militar, institucional o diplomática, los países asumen una condición de subordinación. Es decir, intentan convertirse en un simple vagón de la locomotora estadounidense. Actualmente hay personas que teorizan en estos términos en Colombia y Argentina. El pensamiento predominante en el entorno de Flávio Bolsonaro también parece acercarse al realismo periférico. El propio candidato, que ha mostrado públicamente su simpatía por Donald Trump, ya ha dicho en mítines que, si resulta elegido, se sumará al Escudo de las Américas «para combatir el narcoterrorismo».

Algunos artículos y materiales de campaña de Flávio Bolsonaro ya lo muestran claramente. Por tanto, si se produce un cambio de gobierno y el aspirante derrota al presidente en ejercicio en Brasil, la tendencia será que el país pase a formar parte de este convoy de países alineados con la Casa Blanca. Así ocurre claramente en los casos de Argentina y Colombia, respectivamente, el segundo y el tercer país más grandes de América del Sur.

El realismo periférico consiste, por tanto, en aceptar la condición periférica y actuar de la manera más pragmática, normalizando la subordinación a los intereses del país más poderoso. De este modo, se renuncia al concepto de igualdad soberana entre los pueblos, uno de los pilares del derecho internacional público, para reconocer la asimetría entre las naciones e intentar obtener alguna ventaja a partir de ella.

El problema es que esas ventajas casi siempre se dirigen a la élite dominante del país subordinado. La sociedad en su conjunto acaba teniendo que asumir el coste de esa opción de política exterior. Y no se trata de una teoría recién inventada: tiene ya una trayectoria histórica. En la década de 1990, por ejemplo, había un conocido teórico argentino, Carlos Escudé, mentor del presidente Carlos Menem, que defendía esta corriente teórica.

Hay otros ejemplos a lo largo de la historia. Costa Rica, por ejemplo, no tiene ejército. Es un caso clásico, ya que la expresión última de la soberanía consiste en disponer de fuerzas armadas que protejan el territorio y a la población. El país renuncia a ello y delega en Estados Unidos la función de seguridad. Esa es la lógica del realismo periférico.

Proyección de escenarios

Si Flávio Bolsonaro gana el próximo domingo, creo que uno de los primeros pasos sería la adhesión de Brasil a la iniciativa de Trump denominada Escudo de las Américas, una alianza que se presenta bajo el pretexto de combatir la delincuencia organizada en las Américas. Esto abriría el territorio a intervenciones externas en ámbitos relacionados con la seguridad internacional.

En el ámbito económico, a juzgar por la composición de la coalición que respalda a Flávio Bolsonaro —principalmente el sector financiero y el sector agropecuario—, probablemente se reduciría el proceso de reindustrialización del país. Estos dos sectores recibirían sin duda más atención, mientras que la industria, una de las prioridades del presidente Lula, saldría perjudicada.

Estoy haciendo esta proyección basándome únicamente en lo que observo a mi alrededor, porque el programa de gobierno de Flávio Bolsonaro es, por usar un eufemismo, incompleto. No contiene nada demasiado concreto: lo que realmente lo impulsa es el rechazo al Partido de los Trabajadores (PT).

Otro aspecto importante sería una mayor presencia de grandes plataformas tecnológicas extranjeras en el país. Actualmente existe una contención de esta presencia, especialmente por parte del Tribunal Supremo Federal, pero estas empresas seguramente encontrarían más espacio y menos obstáculos para operar en el mercado brasileño.

Esta tendencia ya se perfila en el horizonte, con argumentos a favor de la libertad de expresión y apelaciones a las libertades individuales que claramente responden a las demandas de estas grandes plataformas. Ya ocurrió en Estados Unidos, cuando Donald Trump otorgó un cargo en el Gobierno a Elon Musk, además de hacer varios gestos de acercamiento a los magnates de las grandes tecnológicas.

La revolución de la IA

Recientemente, Gazeta do Povo publicó un artículo de Marcos Degaut, profesor de Relaciones Internacionales que participó en los gobiernos de Temer y Jair Bolsonaro, y de Lindolpho Cademartori, diplomático perteneciente al círculo de Flávio Bolsonaro, que muestra en parte lo que será la hoja de ruta.

Según Degaut y Cademartori, vivimos la revolución de la inteligencia artificial, comparable a la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX. Se trata de una nueva revolución en el modo de producción, en la sociabilidad y en todos los ámbitos de la vida humana. En este momento, las alianzas internacionales se están redibujando en función de ella.

Estados Unidos lidera los sectores de la inteligencia artificial, la robótica y la tecnología más avanzada, seguido por China. Según el razonamiento de los autores, Brasil no tiene capacidad real para participar en esta disputa por la soberanía digital, por lo que debería alinearse con Estados Unidos, que sería más fiable que China.

En este ámbito, Donald Trump ya ha dado señales de que quien no esté con Estados Unidos estará en su contra. Incluso llegó a ordenar que los modelos de IA más avanzados de la empresa Anthropic (en concreto, Claude) no pudieran ser utilizados por el resto del mundo, sino solo por empresas y ciudadanos estadounidenses, con el argumento de que se trata de una cuestión de seguridad nacional. En el fondo, no es más que una política destinada a retrasar o impedir el desarrollo tecnológico chino.

El argumento de Degaut y Cademartori es que, si Brasil no se alinea con Estados Unidos, no tendrá acceso a la revolución de la IA. Quedará segregado, apartado del mundo. Pero ¿cómo contribuiría Brasil a esa alianza occidental en torno a la IA? En términos muy claros: aportando agua para los centros de datos y tierras raras para producir los metales necesarios para hacer posible esta revolución.

Brasil seguiría siendo, una vez más, un proveedor fiable de minerales críticos y recursos hídricos. La fórmula de siempre, pero revestida de una nueva apariencia digital. Las grandes tecnológicas encuentran en el realismo periférico una vía para mantener a Brasil atrapado en un modelo extractivista que conocemos bien desde hace 500 años.The Conversation

Dawisson Belém Lopes, profesor de Política Internacional y Comparada, Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG)

Este artículo se reproduce de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.

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