En este artículo pretendemos estudiar las críticas, en plena época ilustrada, a la política forestal que se diseñó en 1748 con la Real Ordenanza para el aumento y conservación de montes y plantíos, así como la presentación de una alternativa a la misma. Nos hemos fijado en la memoria que Miguel Gijón y León, caballero de Santiago y propietario en tierras de Vélez-Málaga, presentó a la Sociedad Económica Matritense, de la que era socio, en 1778, pero escrita dos años antes. La importancia de este escrito radica, precisamente, en que se cuestiona desde una perspectiva más liberal en lo económico la normativa de intervención por parte de la Corona en este asunto y, que prefigura, en alguna medida el cambio ideológico sobre el fomento de los árboles que defenderá, de forma más acabada y coherente, unos años después, Jovellanos en el Informe sobre la ley agraria. Que no hubiese árboles, según esta línea de menos intervencionismo, era muy perjudicial para la economía porque encarecía el precio de la madera, materia prima básica en un mundo aún preindustrial. Por tanto, la crítica tenía un marcado carácter económico, faltando todavía mucho tiempo para consideraciones de tipo ecológico.