La relación entre política y masonería ha sido siempre compleja en la Historia. Si, por un lado, se ha defendido en su seno el acatamiento a las instituciones existentes en el país donde se desarrolla, y siempre ha defendido la necesidad de la tolerancia en este campo, por otro, es indudable que muchos masones han desempeñado papeles de enorme relevancia, o de relevancia secundaria en el devenir político e histórico de la mayoría de los países, incluida la España que va desde el Sexenio Democrático hasta la Guerra Civil. Esos papeles de muchos masones en la política fueron siempre un elemento empleado y distorsionado para fomentar la masofobia por parte de los sectores más reaccionarios e integristas al considerar que la masonería era una organización dedicada a influir como tal, especialmente en materias relacionadas con lo social, moral y religioso. En todo caso, también parte de la izquierda ha acusado históricamente a la masonería de ser una organización que movía los hilos del mundo en favor de los poderosos, tanto en el secreto de las logias como en el hacer de los políticos masones.