El inicio del nacionalismo vasco en el siglo XIX
En los territorios vascos se partía de una situación distinta a la de Cataluña en el último tercio del siglo XIX. Hasta el fin de la primera guerra carlista en el año 1839 se disfrutó de la existencia íntegra de los Fueros. Estos Fueros suponían la existencia de instituciones propias como las Juntas Generales, leyes y finanzas propias, aduanas, impuestos y ciertos privilegios en relación con las contribuciones. El Convenio de Vergara no supuso el fin completo de estos derechos y, con recortes, se mantuvo la situación hasta la Restauración borbónica. El fin de la tercera guerra carlista en 1896 supuso la pérdida de la autonomía administrativa vasca y navarra, conservando cierta autonomía financiera a través de los Conciertos Económicos. Comenzó a generarse un sentimiento de resentimiento hacia el gobierno central. El fuerismo es uno de los elementos que deben situarse en el origen del nacionalismo vasco. Nació una literatura fuerista de fuertes componentes románticos porque intentó entroncar lo vasco con la tradición histórica lejana, medieval, llena de tradiciones y hasta de mitos. El fuerismo se dividió a partir de 1876 entre un núcleo navarro y otro vizcaíno. Los miembros del primero defendían la unión entre los vascos y navarros. Los vizcaínos, por su parte empezaron a ir hacia una vía autonomista. En este núcleo conviene recordar la figura de Fidel de Sagarminaga.
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