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La Revolución de 1820 en Portugal


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Sin lugar a dudas, Portugal y España fueron protagonistas de la primera oleada revolucionaria liberal en la Europa de la Restauración, que tuvo un claro aire mediterráneo, ya que también se levantaron Nápoles, Piamonte, y Grecia comenzó su larga guerra de independencia. Estas revoluciones liberales tuvieron en común que no fueron seguidas de importantes movimientos de masas, ya que en los Estados del sur de Europa la mayoría de la población seguía siendo campesina y sin una evidente conexión de intereses con las minorías liberales, con la excepción helena por su claro componente de lucha nacionalista. Esta falta de apoyos y la fuerte reacción del sistema de la Restauración explicarían los fracasos liberales en los casos portugués, español e italiano.

En Portugal existía un profundo clima de descontento, en todo caso, derivado de lo que ya hemos comentado: la ausencia del rey, la subordinación política y económica de Inglaterra, junto con el malestar en el seno del ejército portugués porque el mando del mismo estaba ocupado por la oficialidad británica.

En 1818 un grupo de personajes, entre los que se encontraban Manuel Fernandes Tomás, José Ferreira Borges, José da Silva Carvalho y Joao Ferreira Viana crearon O Sinédrio, una organización secreta liberal que puso en marcha la Revolución de 1820 en Oporto, inspirada, en cierta medida en la española. El propio Fernandes Tomás dio un discurso, al enterarse el grupo de que la Revolución había triunfado en España con el juramento de la Constitución de Cádiz por parte de Fernando VII, para animar a que Portugal siguiese el ejemplo porque no se podía “continuar con esta ignominia”.

Se aprovechó que Beresford había marchado a Brasil para conseguir más poderes del rey para organizar la Revolución, que se produjo en dos fases.

El 24 de agosto de 1820 se levantó la guarnición militar de Campo de Santo Ovidio en la ciudad de Oporto. La burguesía mercantil de la ciudad estaba descontenta por las repercusiones de la guerra, el dominio británico y el fin del monopolio comercial con Brasil. El 15 de septiembre se produjo un segundo levantamiento, que tuvo lugar en Lisboa. Curiosamente, también se diario revueltas en Brasil, hasta en la propia capital Río de Janeiro. El 28 de septiembre, las autoridades de Oporto y Lisboa formaron la Junta Provisional del Gobierno Supremo del Reino. Pretendía hacerse con la Regencia y convocar Cortes Constituyentes. En el mes de diciembre se celebraron elecciones para formar estas Cortes. Por otro lado, se exigió la vuelta urgente del rey a Portugal. El tercer objetivo de los liberales pasaba por la restauración del monopolio comercial con Brasil.

Las Cortes Generales Extraordinarias y Constituyentes se pusieron en marcha el primero de enero de 1821, con el fin de elaborar un texto constitucional. Se abolieron la censura y la Inquisición, además de aprobarse una amnistía. Juan VI, desde Brasil, pretendió que regresara su hijo Pedro a Portugal, pero, aunque estuviera de acuerdo con los cambios políticos, se negó, y por eso, el rey decidió marchar, llegando a Lisboa el 3 de julio de 1821. Antes de marchar el rey nombró virrey de Brasil a su hijo Pedro. En Brasil se vivía una gran tensión porque el poder y los privilegios que había tenido en todo el período de guerras napoleónicas iban a terminar con los cambios políticos acontecidos en Portugal. El príncipe Pedro fue consciente de que para mantener su trono tenía que aceptar las presiones de los brasileños, que no querían volver a pertenecer a una colonia. En consecuencia, se produjo el famoso Grito de Ipiranga en Sao Paulo, el 7 de septiembre de 1822, “¡Independencia o muerte!”. El príncipe pasó a ser Pedro I, emperador de Brasil.

La Constitución entró en vigor en octubre de 1822 y estuvo vigente hasta junio de 1824 cuando fue abolida. El texto presentaba claras influencias de la Constitución española de 1812. Recogía derechos y deberes individuales, establecía la soberanía nacional, la división de poderes, con un sistema legislativo unicameral, aunque con veto suspensivo del rey, que tendría el poder ejecutivo con el gobierno, que debía, por otro lado, responder ante el legislativo. El sufragio sería directo (en la Constitución española era indirecto) de todos los varones que supieran leer y escribir. Brasil quedaba integrado en el nuevo sistema político a través de una fórmula federal. El rey juró la Constitución el primero de octubre, pero no así su esposa Carlota Joaquina, hermana del rey español Fernando VII, que tenía un acusado sentido del poder absoluto de la Corona. Por ello se le despojó del título de reina y de sus derechos dinásticos.

Si en España la facción reaccionaria o absolutista era apoyada por el propio monarca Fernando VII, en Portugal el protagonismo en la lucha contra el sistema político liberal sería de la reina Carlota Joaquina y de los hijos de ambos, especialmente del príncipe Miguel. Al igual que el Trienio Liberal español, el período “vintista” portugués sería inestable y no pudo consolidarse. En todo caso, se intentaron cambios profundos: abolición de privilegios, supresión de la Inquisición, libertades, etc.., que generaron enemigos en los sectores más contrarios a las reformas. Además, sin lugar a dudas, la independencia de Brasil supuso un duro golpe para Portugal. Estos problemas y la influencia de la intervención de la Santa Alianza en España marcaron el final del primer período de gobierno liberal portugués, El levantamiento de Vila Franca de Xira, conocido como la “Vilafrancada”, bajo la dirección del príncipe Miguel, selló este final.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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