Cartistas versus Vintistas en Portugal
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El establecimiento del liberalismo en Portugal fue complejo. El país vivió entre 1834 y comienzos de los años cincuenta una constante inestabilidad política, reflejada en pronunciamientos, cambios de gobierno y revueltas, aunque ya sin posibilidad de marcha atrás hacia el absolutismo. El liberalismo luso se dividió en dos tendencias, en la misma línea de lo que ocurrió con el liberalismo español. Un sector moderado -los cartistas- defendía la Carta Constitucional de 1826, frente al grupo de los progresistas, herederos del vintismo y que deseaban la instauración de la Constitución de 1822.
La muerte de Pedro en septiembre de 1834 provocó que se adelantase la mayoría de edad de María cuando contaba con apenas quince años.
Los cartistas dominaron la política en Portugal entre 1834 y 1836 hasta el levantamiento de la guarnición de Lisboa en septiembre de 1836, provocando la caída del gobierno. El levantamiento reflejaba el enfrentamiento del liberalismo progresista vintista y de las clases medias contra los cartistas, la alta burguesía y la nobleza. Los vintistas, conocidos a partir de ahora como septembristas, tomaron el poder y su primera medida fue abolir la Carta Constitucional y poner en vigor la Constitución de 1822. Permanecieron en el poder hasta el año 1842. El nuevo gobierno liberal progresista estaba encabezado por Manuel Passos. Los septembristas se empeñaron en una ambiciosa política educativa: reforma de la Universidad y creación de escuelas politécnicas y conservatorios de artes y oficios, fundación de liceos para sustituir a los colegios que habían regido hasta 1834 las órdenes religiosas y se planteó el establecimiento de la enseñanza primaria. Por otro lado, se aprobó un Código administrativo y se instauró el Registro Civil. Este programa político respondía, evidentemente, a los intereses de la burguesía media.
Los moderados protagonizaron varias revueltas, como la Balenzada, dirigida por la camarilla de la reina en el año 1836 y la Revuelta de los Mariscales, al año siguiente. Paulatinamente, se puede observar en el período un claro giro hacia posiciones más conservadoras, con reacciones de signo progresista, también. Cuando se disolvieron las milicias populares, el pueblo lisboeta se levantó, aunque dicha insurrección fue duramente reprimida en el Rocío.
El gobierno de Passos fue sustituido por otro de Sá da Bandeira, confirmando el deslizamiento hacia la moderación. En ese momento se promulgó la Constitución de 1838 que, sin ser como la Carta Constitucional de 1826, era mucho más moderada que la progresista de 1822. Esta nueva Constitución intentaba ser un término medio entre los otros dos textos constitucionales. Las dos fuentes de inspiración de la nueva carta serían la Constitución belga de 1830 y la española de 1837. Establecía la soberanía nacional, la igualdad ante la ley y las libertades de imprenta y de asociación. En relación con los poderes se formulaba la división clásica tripartita: legislativo para las Cortes con sanción real, el ejecutivo en manos del rey y el judicial. El parlamento sería bicameral, con una Cámara de Diputados y un Senado, ambos electivos. Aunque se establecía el sufragio censitario, bien es cierto que se reducía el nivel de riqueza necesario para poder votar y se instituía el voto directo. Combinaba aspectos propios el progresismo como la soberanía nacional, derechos y libertades, la división tripartita de los poderes y el carácter electivo del Senado, con otros muy moderados: el sufragio censitario y el legislativo bicameral con un Senado para controlar a la Cámara de Diputados.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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