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El enfrentamiento entre el absolutismo y el liberalismo en Portugal. Primera Parte


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Tras el éxito de la Vilafrancada, el absolutismo retornó al país. Juan VI tuvo que aceptar este hecho cuando un grupo de militares y civiles rodearon el Palacio de Bemposta. En todo caso, en los círculos de poder se perfilaron dos posturas. Por un lado, se encontraba el rey y el gobierno que defendían posiciones moderadas, prometiendo la aprobación de una nueva Constitución, ya que, como se ha señalado en 1824 se abolió la de 1822. Pero, por otro lado, estaba la corriente más extremista o reaccionaria, defendida por la reina Carlota-Joaquina y el príncipe Miguel, que terminó por promover conspiraciones contra el propio gobierno. Existen ciertos paralelismos con la situación española contemporánea en lo que se refiere a la existencia de dos posturas en el seno del absolutismo después del Trienio Liberal, cuando aparecieron los ultrarrealistas, en torno a Carlos María Isidro, germen del futuro carlismo, aunque el caso portugués, como vemos, es más complejo.

En 1823, Miguel sería ascendido a comandante en jefe de la Armada con el objetivo de hacerse claramente con el poder. El 30 de abril -la Abrilada- detuvo a destacados personajes y mantuvo a su padre incomunicado en el Palacio de Bemposta. Pero el monarca terminó controlando la situación gracias al apoyo británico, llegando a enviar al exilio al príncipe Miguel. Juan VI restableció el liberalismo, teniendo que frenar una nueva conspiración absolutista el 26 de octubre, estando implicada la propia reina Carlos Joaquina, que fue recluida en Queluz.

En 1826 murió el rey Juan VI y la situación política se complicó. Pedro I, a la sazón emperador del Brasil, fue proclamado rey, como Pedro IV de Portugal, pero la posibilidad de mantener unidas las dos Coronas era un proyecto político muy poco factible, ya que los brasileños deseaban seguir siendo independientes y los portugueses querían una vinculación de Brasil en condiciones de dependencia. Al final, Pedro decidió abdicar en su hija María de Gloria, la reina María II.

Cuando la reina accedió al trono a la edad de siete años, su padre diseñó un sistema político de Carta Otorgada. Este texto se basaba en la Carta de Luis XVIII de Francia. La Corona era representante de la nación por derecho propio. Establecía un sistema legislativo bicameral, con una Cámara de los Pares, elegidos por el monarca, vitalicios, hereditarios y sin número fijo, así como una Cámara de los Diputados, elegidos mediante sufragio indirecto y censitario. Además, se establecía una división cuatripartita de poderes: el ejecutivo pertenecía al rey, el legislativo de las dos cámaras, aunque con veto real, el judicial en los tribunales, y uno moderador, de competencia exclusiva para el rey. Esta Carta Constitucional, aparte de algunos cambios en el tiempo, sería la base constitucional de todo el siglo XIX portugués, hasta la proclamación de la República en 1910, de ahí su importancia. Refleja el modelo portugués hacia el asentamiento del liberalismo y que, en cierta medida, es parecido al español, y caracterizado por el mantenimiento del poder de la Corona, abandonando las tesis más progresistas del liberalismo de la Constitución de 1822. Se trataría de un liberalismo claramente moderado o doctrinario.

Pedro buscaba, además, la reconciliación con el sector de la familia Braganza más reaccionario, por lo que nombró a su hermano Miguel, exiliado en Viena, y protegido por Metternich, como regente, dada la minoría de edad de su hija. Para intentar evitar problemas dinásticos proyectó que María terminara casándose con su tío. El príncipe Miguel aceptó la Regencia y juró la Carta Constitucional, regresando a Portugal en febrero de 1828. Pero una vez en Lisboa, disolvió las Cortes, convocó otras bajo el sistema estamental y restauró el absolutismo pleno, siendo proclamado como Miguel I. Estas medidas desencadenaron la guerra civil, entre los miguelistas, partidarios del regente Miguel, y los liberales, que decidieron apoyar a la reina María, que aún residía en Brasil. Salvando algunos aspectos importantes (la cuestión foral, por ejemplo) y con una cronología distinta, no cabe duda de que se puede establecer un paralelismo con la situación española de enfrentamiento entre carlistas y liberales. El 18 de mayo la guarnición de Oporto, un baluarte siempre del liberalismo, se sublevó en nombre de Pedro, María y la Carta Constitucional, pero la rebelión fue sofocada por el brigadier José Cardozo.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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