Crisis política y económica en Portugal al final del XIX
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Portugal encaró la década final del siglo XIX en una crisis política evidente. Entre 1890 y 1893 los gobiernos fueron muy cortos e inestables. En las elecciones de 1890 corrió la sangre. Además, Portugal también vivió el primero de mayo, y a principios del año siguiente el gobierno tuvo que empeñarse en sofocar una insurrección republicana en Oporto.
Pero si la crisis política era intensa, mucho más lo fue la económica, con una economía dependiente del exterior, con una moneda devaluada, y con un creciente déficit público. Esta situación, con la política, alentó aún más al republicanismo, pero también al socialismo. El Estado entró en bancarrota el 7 de mayo de 1891, y eso deterioró aún más el sistema político monárquico. Se plantearon algunas soluciones, pero no cuajaron.
En 1893 se resucitó el turnismo político con el nombramiento de Ernesto Rodolfo Hintz Riberio del Partido Regeneracionista, con detrimento del poder que había ido adquiriendo en los últimos tiempos el parlamento. Después le llegaría el turno a los progresistas con José Luciano de Castro. Una prueba del debilitamiento del parlamento fue la reforma constitucional que se planteó, pero por real decreto, así como las reformas electorales para intentar restar fuerza a los republicanos, aunque, en realidad, siempre fueron una minoría parlamentaria.
En 1899 se firmó el Tratado de Windsor por el que terminó la larga crisis colonial entre Londres y Lisboa. Los británicos se obligaban a respetar las colonias lusas, pero obtuvieron el derecho de paso por las mismas para sus tropas. En realidad, entre las grandes potencias, como Gran Bretaña y Alemania, se tenía la convicción de que ante la grave crisis económica que padecía Portugal el país se vería obligado a vender sus colonias, y por eso, ambas potencias mantuvieron reuniones para delimitar sus intereses en la zona. Hasta Estados Unidos estaba interesado en las Islas Azores, dentro de su proyecto imperialista de fin de siglo y en el que España era la gran perjudicada, como es sabido.
Cierto es que el Tratado de Windsor permitió que Portugal no perdiera sus colonias, pero su proyecto imperialista fracasó evidentemente porque no era una potencia que pudiera sustentarlo. A su manera, vivió su propio 98, aunque de forma distinta a la forma en que se vivió en España. Portugal mantuvo sus colonias, pero la tensión de aquella década dinamitó la Monarquía, mientras España perdía sus colonias y entraba en una larguísima crisis del sistema de la Restauración que no se llevó por el momento por medio a la Monarquía.
Por fin, al terminar este período estalló un grave conflicto religioso en Portugal a propósito de un escándalo que sacó a la luz una situación que era, en principio ilegal. El escándalo se conoce como el “proceso de Calmon”, entre 1899 y 1901. Al parecer, estalló un alboroto en Oporto porque la hija del cónsul brasileño se agarró a una reja de la entrada de la Iglesia de la Trinitate, negándose a volver a casa con sus padres. Se descubrió que el cónsul tenía retenida a su hija para impedir que ingresara en un convento. Pero eso sacó a la luz que en había conventos en Portugal, contra lo que disponía la legislación que, como vimos en su momento, había disuelto las órdenes religiosas. El gobierno, en ese momento, en manos del Partido Reneracionista, que siempre había tendido hacia el anticlericalismo, sacó un decreto en abril de 1901 que ordenó el cierre de todas las casas religiosas que se dedicasen a la vida monástica. El rey apoyó esta medida.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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