Bohr. Biología y mecánica cuántica. III
El punto de partida de la moderna física atómica fue, como es sabido por muchos, el reconocimiento de la naturaleza atómica de la propia electricidad, indicada en primer lugar, por las famosas investigaciones de Faraday sobre la electrolisis y, establecida después definitivamente, por el aislamiento del electrón, en los bellos fenómenos de las descargas eléctricas, a través de gases enrarecidos, que tanto llamaron la atención, al finalizar el siglo XIX. Mientras las brillantes investigaciones de J. J. Thomson, aclararon pronto la parte esencial desempeñada por los electrones, en los más variados fenómenos físicos y químicos, nuestro conocimiento de las unides fundamentales que forman la materia, no fue completo hasta el descubrimiento por Ernest Rutherford, del núcleo atómico, que corona su precursor trabajo, sobre las transformaciones radiactivas espontáneas, de los elementos pesados. En efecto, este descubrimiento ofreció por primera vez, una explicación indiscutible, de la invariabilidad de los elementos, en las reacciones químicas ordinarias, en las cuales el minúsculo núcleo pesado permanece inalterable, quedando afectada únicamente, la distribución de los electrones ligeros que lo rodean.
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