Talleyrand. La Venus suplicante. IV
En los primeros tiempos de la unión de Charles-Maurice de Talleyrand Périgord con Catherine Noël Worlée, el primero, ante sus amigos, afirmaba que ella poseía “tres clases de dulzura”, que se manifestaban en su piel, su aliento y su carácter. Pero no pertenecía a su clase y nada tenía que ver con las aristócratas contagiadas por la Ilustración, que no hacía tanto tiempo giraban a su alrededor y, eran capaces de manifestar su opinión sobre Rousseau o Diderot, unas mujeres que, poco a poco, estaban regresando a París. Desde su parcialidad, Claire de Rémusat, buena amiga y confidente del antiguo abbé, nos recuerda en sus memorias que “aquella mujer hería constantemente a Talleyrand, con sus lugares comunes y salidas desafortunadas y, sus repentinos cambios de humor confundían su tranquilidad de espíritu”. Otras fuentes desmienten esos juicios tan negativos sobre la pobre Catherine, pero es difícil entrar en la polémica “por falta de pruebas”, al menos en mi caso.
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