Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En la carta que Isabel Arundell escribió a su madre, también le recuerda, que cuando ella le dijo que “he encontrado al hombre y la vida por los que tanto he suspirado. Usted contestó que ése era precisamente el único hombre con el que jamás consentiría en verme casada y, que prefería mil veces verme en el féretro”. Prosigue detallando su propia vida y la de Burton, sus servicios militares, su fama. (“¡Vea sus escritos, sus viajes, sus poemas, sus hazañas, su dominio de lenguas y dialectos!”) Burton estaba entre los primeros europeos en conocimientos lingüísticos; era un espléndido jinete, tenía una puntería envidiable… Le advierte de que “nunca nos casaremos con otro, ninguno de los dos; nunca renunciaremos el uno al otro… Si me obliga usted, llegaré a casarme con él a toda costa, desafiando la autoridad de usted”. Para ella no hay otro hombre que no sea Burton; si se ve en la obligación de renunciar a él “entraré inmediatamente en un convento”. Pero todo esto no sirvió de nada. La única respuesta que tuvo esta carta, fue un sermón horrorosamente largo y solemne. Volvió a salir a la luz que Burton no era cristiano, que no tenía dinero. Y no hubo más que hablar por el momento.
Burton comentó que las dos, tanto Isabel como su madre, “tenían el don de una firmeza noble e inmutable, como las de las mulas”. Llegados a este callejón sin salida, fortificado por todas las barreras que la sociedad inglesa podía erigir en torno a una pareja – barreras de clase, económicas, religiosas, de ancestros, de puro esnobismo, de obstinación, orgullo y egoísmo -, poco más pudieron hacer.
En un periodo increíblemente concentrado y productivo, por loque se refiera a sus escritos, a pesar de las diversas interrupciones y distracciones, Burton terminó su manuscrito, los dos imponentes volúmenes que componen “The Lake, Regions of Central Africa” y, el 10 de abril de 1860 lo envió a su editor. Había escrito también un informe de 60 páginas de extensión, sobre la expedición, que fue publicado a finales de 1859 en el “Journal” de la Royal Geographical Society (y que se reedito años después en un volumen en rústica). En los cinco números de las “Actas” de la Sociedad, también se recogieron no pocas cartas de Burton y de Speke. Burton también publico en “Blackwood” un artículo de 24 páginas titulado “Zanzíbar: dos meses en el este de Africa”. Se trata de una inmensa cantidad de escritos, que a cualquier otro hombre le habría costado fácilmente una década, pero él los terminó en un año.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.