Bohr. Física y culturas humanas. 1938. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Cuán poderosa advertencia acerca de la relatividad de todos los juicios humanos, venimos recibiendo en nuestros días, al descubrir que todo fenómeno físico, depende del punto de vista del observador. La teoría de la relatividad, obligándonos a precisar las hipótesis todavía inadvertidas, en que se basa el uso inequívoco de nuestros conceptos, aun los más elementales, como los de espacio y tiempo, ha contribuido en gran medida, a la unidad y belleza de nuestra concepción del Universo.
Mientras que la importancia de estos grandes descubrimientos, para nuestra perspectiva general del mundo es de ordinario comprendida, no sucede lo mismo en cuanto a las insospechadas enseñanzas epistemológicas, que la apertura de campos totalmente nuevos de investigación física, nos ha dado en los últimos tiempos. Nuestra penetración en el mundo de los átomos, cerrada hasta entonces a los ojos del hombre, es sin duda una aventura comparable a los grandes viajes de los navegantes en busca de nuevas tierras y, a las denodadas exploraciones de los astrónomos en las profundidades del espacio celeste. Como es sabido, el maravilloso desarrollo del arte de la experimentación física, no solo ha eliminado los últimos vestigios de la vieja creencia, de que la limitación de nuestros sentidos nos impediría para siempre obtener información directa acerca de los átomos individuales, sino que ha demostrado que los propios átomos se componen de corpúsculos aún menores que pueden aislarse y, cuyas propiedades cabe investigar separadamente. Al propio tiempo, en este fascinante campo de la experiencia, hemos aprendido que las leyes de la Naturaleza hasta ahora conocidas y, que constituyen el gran edificio de la física clásica, solo son válidas cuando manejamos cuerpos compuestos de un número prácticamente infinito de átomos. Los nuevos conocimientos acerca del comportamiento de átomos aislados y corpúsculos atómicos, ha revelado, en efecto, un límite inesperado para la subdivisión de todas las acciones físicas, lo que sobrepasa la vieja doctrina de la divisibilidad limitada de la materia, dando a todo proceso atómico un carácter extraño de “individualidad” … Este descubrimiento ha proporcionado una base enteramente nueva, para comprender la estabilidad intrínseca de las estructuras atómicas, la cual, en último extremo, condiciona las regularidades de toda la experiencia ordinaria.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.