Monty. 1066. En Falaise. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El día 28 de julio de 1881, después de dos años de noviazgo, y cuando Maud Farrar no tenía más que 16 años y Henry Montgomery, 34, se casaron en la abadía de Westminster. De hecho, como vemos, Maud Montgomery no tuvo adolescencia. A una edad en que las mujeres son esencialmente femeninas, ella fue, sin transición, de la escuela al matrimonio. La atmósfera de la vicaría de Kennington, era una simple prolongación, del mundo recluido que siempre había conocido, en casa de su padre. Pero era joven. Se consagró a su marido, de mucha más edad que ella. Y dio pruebas de una excepcionalmente poderosa voluntad.
La Inglaterra victoriana llegaba a la cima de su prosperidad y abundancia. Habían comenzado a estar de moda los music-halls y pubs, en donde las ostras, el plato de los pobres, se pagaban a un penique la docena. Las excursiones en bicicletas de alquiler, a penique la hora, estaban de moda. Oscar Wilde entró en escena y, las fuerzas de la ultrajada moralidad, no tardaron en conjurarse, para caer implacablemente sobre él. Era la edad de las costumbres consagradas, de la sólida tradición burguesa, del comercio honrado y de la confiada autoestima; el punto más alto alcanzado, por la marea de la vida plácida, entre el huracán de las guerras napoleónicas en el siglo XIX, y las guerras contra Alemania en el XX.
Henry y Maud Montgomery, contemplando el Oval, desde su vicaría en Kennington, se sentían lanzados con seguridad, a un mundo cuidadosamente organizado y regulado. Con juventud e inteligencia y, una familia detrás para sostenerlos, no tenían más que seguir, el predestinado curso de la Iglesia, para llevar a término, una vida honrada y provechosa, tanto para ellos como para sus hijos. Si los Montgomery no habían producido grandes luchadores, después de Roger, ni escritores, estadistas o militares preclaros, por lo menos contribuyeron a poblar Inglaterra, con una sólida y respetable comunidad; eran “gentlemans”.
No tardaron en llegar los hijos. Primero, Queenie, luego Harold, después Donald y, la joven madre apenas si había pasado de los 20 años. Y, en el verano de 1887, en medio de ese mundo, de plácidos “gentleman eclesiásticos”, la señora Montgomery aguardaba la llegada de otro bebé.
Todo o nada podía esperarse o temerse, para el nuevo vástago de la vicaría de Kennington. Sin embargo, lo único cierto, era que él o ella, nacería en un respetable y confortable hogar, bajo las bendiciones de la Iglesia de Inglaterra.
El año 1887 fue transcendental, para el desarrollo de la familia. Sir Robert Montgomery había muerto y, Henry heredó las propiedades de New Park. Y ahora se rumoreaba, que, a Henry, iba a ofrecérsele, el obispado de Tasmania.
Por fin, el 17 de noviembre, en una de las habitaciones de la vicaría, que dan al Oval de Kennington, nació el cuarto hijo del matrimonio. Se le llamó Bernard Law Montgomery.
Pues eso.
--Continuará.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.