Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. IX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Mientras se alojó en casa de los Stisted (Georgiana Stisted, era sobrina de Burton) Burton hizo unas cuantas visitas a París, presumiblemente para ver a Fred Hankey y su colección de objetos sexuales. Ha habido no pocas discusiones sobre lo que se denomina la bipolaridad de Burton. – su atracción por jovencitas inocentes, como la virginal Isabel Arundell, por oposición a su interés en la práctica de una sexualidad bastante más exótica – pero Isabel Arundell era muy poco ingenua, aunque con toda seguridad fuese virgen, cuando “se comprometió” con Burton. Y era, desde luego, la única mujer de raza blanca con la que Burton tuvo relaciones románticas, emocionales o físicas, a pesar de sus afectos de adolescente con otras jóvenes inglesas de clase media, a pesar de sus líos con las putas de diversas ciudades italianas, a pesar de sus flirteos con Louisa.
A pesar de su mala salud y de las frustraciones habidas con la familia Arundell, Burton parece haber pasado todo un año muy activo a su regreso de África Central, yendo de un rincón a otro de Londres, para mantener sus encuentros en secreto con Isabel, sus vacaciones con la nobleza en sus fincas y casas de campo, al tiempo que completaba el manuscrito de su libro sobre África Central. También siguió yendo a Vichy, uno de sus sitios predilectos, en donde intentó curar mediante las aguas salutífera, su tendencia a desarrollar gota. Revisó de arriba abajo cuantas bibliotecas encontró, aunque la situación con Isabel parece haberle obsesionado por encima de cualquier otra consideración. Quiso fugarse con ella, raptarla, pero ella se negó a tal solución. Ella rezaba porque su madre accediera finalmente, a la celebración de un matrimonio según el rito católico. En octubre, al regreso de Burton, había escrito a su madre una larguísima carta, un suplicatorio en el que le refería su deseo de desposarse con Burton y con nadie más:
“Me avergüenza un tanto confesarle, que me enamoré del Capitán Burton en Boulogne y, que me habría casado con él, en cualquiera de los días que desde entonces han transcurrido hasta hoy, si él me lo hubiese pedido. En el momento mismo en que vi su mirada de aguerrido aventurero, le tuve por todo un ídolo y, decidí que era él el único hombre con el que algún día podía llegar a casarme, aunque eso es algo que él no ha sabido nunca, hasta hace tres años, cuando emprendió su viaje a África”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.