La acción de la Masonería en el mundo para el antimasonismo internacional (1896)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El Congreso Antimasónico de Trento de 1896 trató cuatro grandes temas: la doctrina masónica, la acción masónica, la oración y la acción antimasónica. En esta pieza trataremos sobre la segunda cuestión, y emplearemos como fuente la obra del militar e historiador Honorato Saleta y Cruxent, que en 1897 publicó un libro titulado, La masonería en España y Ultramar, un ejercicio de intenso antimasonismo, especialmente en relación con las colonias de ultramar.
El Congreso declaraba estar plenamente convencido de un conjunto de puntos sobre la masonería, y que vienen a ser un compendio de lo que el integrismo y el antimasonismo pensaban de la orden, y en función de su supuesta naturaleza, responsabilizar a la misma de los que se consideraban los males que azotaban a la civilización moderna. No se puede negar que estas cuestiones tendrían un evidente éxito en muchos sectores de opinión, y sustentarían la crítica, cuando no la persecución más o menos sistemática de la masonería en el siglo XX, siendo España un ejemplo paradigmático.
En primer lugar, ¿qué sería la masonería?: una secta “religiosa y maniquea”, donde se desarrollaba un culto satánico, adorado como un “Dios bueno” en oposición al Dios de los católicos, al que los masones considerarían un “Dios malo”. El demonio se valdría de la masonería como un medio para inocular “los gérmenes del naturalismo”, es decir, de la emancipación del hombre de Dios.
¿Cómo se establecería ese naturalismo “impío” en el mundo? La masonería se esforzaría en difundir la idea de que todas las religiones eran iguales, empleando la prensa y la escuela con el fin de sustituir las ideas católicas. Otro medio empleado con las personas que creerían en la existencia de un orden sobrenatural pero todavía no parecían maduras para entrar en la masonería, es decir, para el culto del “maniqueísmo luceferiano” pasaba por animarlas a que practicasen el espiritismo.
Pero la masonería no solamente se dedicaba a destruir a la religión católica, sino que también sería una secta política. Supuestamente, trabajaría para influir en todos los gobiernos con el fin de convertirlos en instrumentos ciegos de su acción, promoviendo, además, la rebelión.
¿Por qué la masonería promovería la revolución? Porque pretendería establecer la “república universal” basada en el ataque a la soberanía de Dios, la destrucción de las libertades y franquicias locales, la abolición de las fronteras, y el ataque al patriotismo.
La labor política se completaría con la introducción de leyes anticristianas en los países.
La masonería, además, tendría una responsabilidad directa en el surgimiento del socialismo porque habría conseguido sustituir el ideario cristiano del bienestar social basado en la justicia y la caridad por una “pretendida igualdad” de todos los hombres entre sí, además de combatir la fe en la vida futura, y sustituirla por la idea de que había que disfrutar de los bienes materiales en este mundo y que todos tenían derecho a participar por igual en esa felicidad.
En el plano social, además, la masonería quería acabar con el cristianismo creando multitud de sociedades secretas, a las que daba distintas denominaciones, como sociedades de seguros de vida, de previsión, de socorros mutuos, científicas o filantrópicas, además de introducirse en otras sociedades de este tipo existentes para influenciarlas con sus ideas y propósitos.
Y es que la filantropía masónica era contemplada como enemiga de la caridad natural, porque sería el desarrollo de la idea de un amor puramente natural del hombre por el hombre, pero sin Dios. Pero, además, esa filantropía ejercitándose solamente entre los francmasones sería perjudicial a la sociedad civil, aunque no se expresaba la razón. La masonería era una organización que corrompía a la familia porque buscaba corromper a la mujer. Donde podía introducía a las mujeres en las logias, pero, sobre todo, era el alma del feminismo, un movimiento que buscaba que imperase el desorden en las familias con el deseo “vago” de una reforma que se consideraba imposible.
La masonería, por fin, con el objetivo de acostumbrar a los hombres a prescindir de la Iglesia en el ámbito social, trataría de suprimir las fiestas religiosas y los días festivos religiosos, reemplazándolos con fiestas civiles.
En fin, el catálogo de acciones que supuestamente perpetraba la masonería, como vemos, era interminable.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.