La justificación masónica de la conducta de un cargo público en los años treinta
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
En principio el título de esta pieza podría hacer pensar que los masones del Grande Oriente Español tenían que seguir consignas de la obediencia si desempeñaban cargos públicos en los años treinta. Pero se trataba de otra cosa.
El Grande Oriente Español era consciente de que el ejercicio de la política en España y más en tiempos de gran controversia y confrontación algunos valores y principios masónicos no sólo no se cultivaban sino que se vulneraban con relativa frecuencia por parte de los hermanos que pudieran ejercer algún tipo de responsabilidad en la política.
Y eso se quería evitar porque suponía una contradicción y también en aras de la convivencia general.
Por eso se recordó en la Asamblea General Extraordinaria del Grande Oriente Español que se celebró en Madrid en febrero de 1932 que las autoridades masónicas estaban obligadas a hacer cumplir, de forma frecuente, a los hermanos que ejerciesen cargos públicos, el deber impuesto por la renovación del juramento de explicar y justificar masónicamente su conducta pública ante quien correspondiese.
Como en el ejercicio del cargo público se podían incumplir los deberes masónicos, como hemos indicado, tanto por acción como por omisión, quería eso decir que el masón que lo ejerciera no solamente estaba obligado a explicar y justificar toda actuación que pudiera parecer reproblable o dudosa, sino también a oír y tomar en cuenta las iniciativas masónicas. Esto no debemos interpretarlo como si la logia de un masón con cargo público o el Grande Oriente diesen consignas concretas sobre una política a seguir, sino en el sentido de que en el ejercicio político había que llevar los valores fundamentales de la masonería, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la tolerancia, el humanismo, el respeto, etc. Así lo interpretamos nosotros porque en la Asamblea se recordó que los hermanos que actuasen en la vida pública debían guiarse por su “deber de amor y tolerancia fraternal”, que les obligaba a poner siempre dicha fraternidad masónica por encima de las diferencias que pudieran separarles en las luchas políticas.
En algunos casos se debió cumplir, pero en otros no, dada la tensión en la vida política. Masones hubo en distintas formaciones políticas y en ocasiones se enfrentaron, dos cuestiones que probarían la falta de consignas por parte del Grande Oriente y también que los masones son seres humanos que, en ocasiones, no estuvieron a la altura de las exigencias que establece la masonería sobre la conducta de sus miembros.
Hemos consultado el número del 10 de septiembre de 1932 del Boletín del Grande Oriente Español.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.