Quantcast
EL PERIÓDICO
Edición: ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
Apóyanos ⮕

Rosa Amor del Olmo

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

Ulises ha muerto, pero el extranjero siempre vuelve a empezar y renace

¿Crees tú que puede un hombre estar de amor extático tanto tiempo?...Al extranjero, al extranjero (palmoteando). Yo quiero que tú y yo seamos extranjeros en alguna parte, y que salgamos del bracete sin que nadie nos conozca. - Sí, mi vida. ¡Quién te verá á tí...!

Pérez Galdós. Tristana, 1892. Pág. 125.

Las compras compulsivas, oniomaníacos tirándose a las rebajas

¿Y tu hermana?

- Ha ido a compras.

- ¡Ay, Dios mío, qué dolor siento aquí!

- ¿Dónde?

- En el santo bolsillo. ¡A compras! Adiós mi líquido. Tu hermana y yo vamos a acabar mal. ¿Qué proyectos abrigará; qué nuevos gravámenes me esperan?... Estoy temblando, porque hace tiempo, desde antes del verano, me tiene anunciado el trueno gordo, y yo me devano los sesos pensando qué será, qué no será.

Pérez Galdós, Torquemada en el purgatorio, 1894, pág. 191.

Eterna mirada

Me importa tu mirada

Que arrastra cordura sin igual

Y no me importa la mía

Plena de ceguera pero feliz por sentir

Lo que creí que ya no sentiría.

  • Publicado en Poetas

Barloa perdida

He cogido una barloa

Para anudar en él los ríos,

Quebradas y páramos con el silencio.

  • Publicado en Poetas

Negra mortaja

Del sonido de aquel oboe pude

Ver tu espíritu que ingrato reclamaba perdón

Sin quererlo.

  • Publicado en Poetas

Los desafueros del orgullo humano

Todo esto era preciso, pues ha de haber siempre algo de mutua adulación entre la hueste y el caudillo para que el enfático orgullo de la victoria arrastre a todos al heroísmo.

Benito Pérez Galdós, Zaragoza, 1874, pag. 206

Teoría e incredulidad

El desinterés por la verdad, que domina las épocas de falta de tensión teórica, suele unirse en ellas la desconfianza de la verdad, o sea el escepticismo. El hombre no se fía; surgen las generaciones recelosas y suspicaces, que dudan de que la verdad se deje alcanzar por el hombre. Claro, esto hoy en día es absolutamente natural habida cuenta el nivel de personas y personajes que rodean nuestras vidas y con cuyos tajos y mandobles a la verdad, nos vuelven desconfiados, zafios y descreídos de todo. Así ocurre en el mundo antiguo, y el proceso de descenso de la teoría, iniciado a la muerte de Aristóteles, contemporáneo a la formación de las escuelas escépticas. Este escepticismo suele encontrar una de sus raíces en la pluralidad de opiniones: al tener conciencia de que se han creído muy diversas cosas acerca de cada cuestión, se pierde la confianza en que ninguna de las respuestas sea verdadera o que una nueva más lo sea. Algo también bastante parecido a lo que sucede hoy con el futuro de nuestro país. Hay que distinguir, sin embargo, entre el escepticismo como tesis filosófica y como actitud vital. En el primer caso es una tesis contradictoria, pues afirma la imposibilidad de conocer la verdad, y esta afirmación pretende ser ella misma verdadera. El escepticismo como tesis, pues, se refuta así propio, al formularse. Otra cosa es la abstención de todo juicio, el escepticismo vital, que no afirma ni niega. Este escepticismo aparece una y otra vez en la historia, aunque también es problemático que la vida humana pueda mantenerse flotante en esa abstención sin arraigar en convicciones.

No tienes covid pero te quedas en el “hospi”

¡Oh! ¿Ustés no vieron lo del hospital? Pues yo sí: allí caían las bombas como el granizo. Los enfermos viendo que los techos se les venían encima, se arrojaban por las ventanas a la calle. Otros se iban arrastrando y rodaban por las escaleras. Ardían los tabiques, oíanse lamentos, y los locos mugían en sus jaulas como fieras rabiosas. Otros se escaparon y andaban por los claustros riendo, bailando y haciendo mil gestos graciosos que daban espanto. Algunos salieron a la calle como en día de Carnaval, y uno se subió a la cruz del Coso, donde se puso a sermonear, diciendo que él era el Ebro y que anegando la ciudad iba a sofocar el fuego. Las mujeres corrían a socorrer a los enfermos, y todos eran llevados al Pilar y a la Seo. No se podía andar por las calles. La Torre Nueva hacía señales para que se supiera cuándo venía una bomba; pero el griterío de la gente no dejaba oír las campanas.

Pérez Galdós, Zaragoza, 1874, pág 16.

El símbolo personal para afrontar la depresión del nuevo año

Sospecho que estas páginas tendrán más amenidad hablando en ellas de mí mismo, de la honda depresión de mi ánimo en aquellos días de amodorrante sensatez. Sin que pudiera decir que estaba enfermo, yo me sentía desganado y triste; apenas salía de mi casa; ni una sola vez traspasé la puerta del Congreso (…)

Pérez Galdós, Cánovas, 1912, pág. 104.

Sugestión y necesidad de vida sana para el pueblo

Es preciso algo más hondo y más eficaz: es preciso llevar al pueblo la seguridad de una vida sana y placentera. Un pueblo pobre es un pueblo de esclavos. No puede haber independencia ni fortaleza de espíritu en quien se siente agobiado por la miseria del medio.

Azorín, Antonio Azorín, 1903, Madrid, Edición de Castalia (1992) pág. 211.

Cita Express por Barcelona

De nuevo al buscar el texto, este no tenía sentido, pero recordé los versos de Octavio Paz: “Los espejos repiten al mundo pero tus ojos lo cambian: tus ojos son la crítica de los espejos: creo en tus ojos. (...) ese agujero no es el espejo que devuelve tu imagen: es el espejo que te vuelve Imagen”.

Jefes políticos, corregidores y alcaldes pedáneos

La Sociedad, en cuanto se creyó fuerte, no quiso limitarse a la defensa ideológica de los derechos políticos. Los principales fines de la oligarquía dominante eran ganar las elecciones, repartir a su gusto los impuestos cargando la mano en los enemigos, aplicar la justicia conforme al interés de los encumbrados, subastar la Renta (que así llamaban entonces a los Consumos) en la forma más conveniente a los ricos, y establecer el reglamento del embudo para que fuese castigado el matute pobre, y aliviado de toda pena el de los pudientes. Con tales maniobras, no sólo era reducido el pueblo a la triste condición de monigote político, sin ninguna influencia en las cosas del procomún, sino que se le perseguía y atacaba en el terreno de la vida material, en el santo comer y alimentarse, dicho sea con toda crudeza. Pérez Galdós, La vuelta al mundo de la Numancia, pág. 20.

A tí que me lees

Dedicado a aquel que confiesa que me lee y que yo amo en silencio

¿Escribimos para el lector amigo, para los lectores y el público? El público de un escritor, son evidentemente los lectores. Hasta ahora, un escritor no ha tenido público, en principio, de no ser que hablemos de los autores dramáticos. Ya se discutirán en otra ocasión las denominaciones, pero creo por hoy que el público del escritor es más bien anónimo, desconocido, aunque esto comenzó a cambiar con las nuevas tecnologías y los feisbuques. ¿Escribimos para los editores, para que se venda nuestro libro, para esa masa de lectores que pueden estar esperando o simplemente escribimos porque necesitamos desarrollar ese ejercicio de creación? ¿Lo hacemos por obligación, por necesidad, por dinero, por fama, por imposición...por oficio?

  • Publicado en Cultura

Padecer nostalgia, padece de nostalgia

Todos padecían la nostalgia que impele a la construcción de una vida ilusoria para llenar con ella los vacíos del alma

Hallábase el navegante fuera de su centro, y la nostalgia del mar y del trajín costero entristecía sus horas. Por su gusto allá se volvería; pero su mujer le sujetaba con el descanso que la tierra natal y la familia daban a sus achaques, y su hija Mara con la intensa afición que iba tomando al suelo y a la gente de Andalucía. De tal modo reinaban en su corazón los dos seres queridos, hija y esposa, que al gusto de ellas subordinaba siempre su conveniencia y toda su voluntad. Pérez Galdós, La vuelta al mundo en la Numancia, pág. 24. 1906

  • Publicado en Opinión

La vaguedad de la adolescencia, charlando mientras desayuno con Erikson

Volví á mis tristezas amargas de adolescente; en sueños veía siluetas, vaguedades tentadoras que me hacían señas, labios que me siseaban. Comprendía entonces las cosas más sutiles; las psicologías más enrevesadas parecíanme tan claras como las cuatro reglas de la Aritmética... Te ví al fin; me saliste al encuentro. Te pregunté si eras tú... no sé qué te dije. Estaba tan turbado, que debiste de encontrarme ridículo. Pero Dios quiso que supieras ver lo grave y serio al través de lo tonto. Nuestro romanticismo, nuestra exaltación, no nos parecieron absurdos. Nos sorprendimos con hambre atrasada, el hambre espiritual, noble y pura que mueve el mundo, y por la cual existimos, y existirán miles de generaciones después de nosotros. Te reconocí mía y me declaraste tuyo. Esto es vivir; lo demás, ¿qué es?" Era la adolescencia. Pérez Galdós, Tristana, 1892, pág. 73

  • Publicado en Opinión

La Navidad de una estajanovista al pie del cañón

Decidme: ¿no salta a la vista que vuestras devociones son superficiales y que debajo de ellas no hay más que indiferentismo, corruptela? Vosotras mismas os habéis reído, esta Navidad, de las que dieron misa del gallo con baile. Vosotras mismas habéis organizado conciertos caritativos, y con igual frescura tomáis el teatro y la lotería por instrumentos de caridad, que lleváis a la iglesia las formas teatrales. Todo está bien con tal de divertiros, que es la suprema, la única aspiración de vuestras almas". Benito Pérez Galdós. Torquemada y San pedro Biblioteca Virtual Miguel Cervantes, Universidad de Alicante (Alicante), 2002 pp. 88-89

  • Publicado en Opinión

Pueden los que creen que pueden (de cavernas y otros)

Possunt quia posse videntur, Virgilio.

El banquete de Platón influyó en la visión occidental del amor durante más de dos milenios. El libro presenta una comida entre amigos, que se han reunido para celebrar el éxito de Agathon en un concurso de tragedias. De hecho, se trata más de una borrachera colectiva (llamada simposio) entre jóvenes y viejos depravados de la aristocracia ateniense que deciden, en gran parte borrachos, hablar de amor. Sigue una sucesión de siete discursos, cuya tradición generalmente conserva solo la de Aristófanes y Sócrates. Y paradójicamente, si desde el punto de vista de Platón, el discurso del primero es falso e ilusorio (Platón odia a Aristófanes, que se burlaba de su maestro Sócrates en sus comedias), quizás sea el más conocido. Aristófanes ve la búsqueda del amor como un intento de reparación, ya que los humanos (que originalmente parecían esferas dotadas de todos los atributos de ambos sexos) fueron cortados a la mitad como resultado de una pretensión hacia ellos. Ganaron la ira de los dioses. Para Aristófanes, por tanto, el amor es la búsqueda de la fusión, de la reparación de una unidad primaria, la búsqueda del alma gemela cuyo encuentro debe asegurar nuestra felicidad, el amor con A mayúscula.

  • Publicado en Opinión

La violencia política: pobres en la realidad (II)

¡Toda la energía la guardáis luego para declamar contra los homicidios, los robos y el suicidio, sin reparar que sostenéis escuela permanente de estos tres crímenes! - No sé para qué están ahí los asilos de beneficencia -dijo, agriamente, Sofía-. Lee la estadística, Teodoro, léela, y, verás el número de desdichados... Lee la estadística...- Yo no leo la estadística, querida hermana, ni me hace falta para nada tu estadística. Buenos son los asilos; pero no, no bastan para resolver el gran problema que ofrece la orfandad. El miserable huérfano, perdido en las calles y en los campos, desamparado de todo cariño personal y acogido sólo por las Corporaciones, rara vez llena el vacío que forma en su alma la carencia de familia...; ¡oh!, vacío donde debían estar, y rara vez están, la nobleza, la dignidad y la estimación de sí mismo. Sobre este tema tengo una idea, es una idea mía; quizá os parezca un disparate.

Benito Pérez Galdós, Marianela, 1978, pág. 129

  • Publicado en Opinión

A vueltas con la salud mental

No hay duda que le atormenta la idea de quitarse la vida. Si yo no tomara tantas precauciones ya nos habría dado un susto.

Galdós, 7 de julio, 1876, pág.13

  • Publicado en Opinión

El arte de conversar o el coaching educativo

En el proceso de coaching una de las herramientas fundamentales es la conversación, la cual se refiere a un diálogo entre dos o más personas establecido a través del lenguaje. Además, es el proceso mediante el cual se transmite información, ya sea a través del lenguaje oral o del lenguaje gestual. La conversación es efectiva cuando hay comunicación entre el coach y el coachee.

  • Publicado en Opinión
Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider