Violencia y política (un poco de reflexión)
En nuestro país el asesinato a cargos públicos -otrora reyes- se ha dado con mucha frecuencia, en otros países también lo ha sido. En estos últimos tiempos comenzó a desencadenarse en otros lugares con bastante profusión el desbancamiento de dirigentes y gobernantes explotadores (al menos no se les asesina que ya es, desbancar no es asesinar de forma literal). Las personas que gobiernan a los pueblos, o las que siguen la carrera de la política deberían contar cotidianamente con un elemento intruso, pavoroso y muchas veces irremediable: un posible asesino. En todos los tiempos desde que existen gobernantes, hubo atentados a la persona; pero eran aquellos atentados fruto de una confabulación, movimientos colectivos que tenían carácter de conciencia y de responsabilidad. A César no le mató Bruto; le mataron todos los enemigos del cesarismo. Después y ya entrados en el XIX y XX, surgió la figura del hombre individual, que mata espontáneamente, a requerimientos personales. Ese hombre tuvo un sabor nuevo, más terrible y desconcertante que los conspiradores antiguos; tiene –hoy- un sabor de fatalidad y de inconsciencia considerable, y esta inconsciencia y fatalidad le convierte en un ser tan pavoroso como irremediable. ¿Cómo se puede asesinar hoy? La dialéctica sería una forma muy apropiada si algunos de los políticos que andan por ahí, fueran expertos. Pero no lo son, esto es lo que yo designo como tentativa de asesinar por el insulto. No tiene clase ninguna por más que muchos intenten hacernos creer que sí. Nada.
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