El impulso municipalista del PSOE en 1892
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Creemos que la cuestión principal que debatió el PSOE en su III Congreso del verano de 1892, y que se celebró en Valencia, tuvo que ver con la elaboración de un programa municipal. A partir de entonces el socialismo español desarrolló un intensísimo interés por la política municipal porque en los ayuntamientos se podía hacer política, tanto desde la oposición en minoría, como en los casos en los que se pudiera alcanzar el poder, y siempre en favor de la ciudadanía. Casi se convirtió en el marco ideal para desarrollar el programa mínimo socialista de avance para el objetivo final de la emancipación obrera.
En esta pieza planteamos ese primer programa municipal que luego se fue actualizando, mejorando y adaptando a las peculiares circunstancias de cada localidad española y de cada momento histórico.
- Abolición de los impuestos que perjudicasen a la clase trabajadora. Es evidente que los socialistas se referían a los impuestos indirectos, los famosos “consumos” que gravaban productos de primera necesidad, y que repercutían muy negativamente en la alimentación y calefacción de los hogares humildes. Los socialistas recogieron toda la conflictividad decimonónica contra estos impuestos y la encauzaron a través de mítines, manifestaciones, actos y con propuestas de abolición de los mismos en las instituciones, incluyendo el Congreso de los Diputados cuando consiguieron representación parlamentaria. Es más, hasta llegaron a proponer alternativas fiscales para que no se dañasen las maltrechas haciendas municipales.
- Fijación de un salario mínimo para los empleados y obreros del Municipio. El salario debía ser determinado anualmente por el Ayuntamiento de acuerdo con las Sociedades Obreras. Así pues, el socialismo comenzaba en este sector del empleo para conseguir que se impusiese un salario mínimo que garantizase la satisfacción de las necesidades básicas de las familias de estos trabajadores. El Municipio se convertía, así pues, en una especie de ensayo para demostrar la necesidad de esta fundamental reforma para todos los sectores productivos y de servicios. Pero, además, el tipo de salario no debía imponerse desde la autoridad, sino que debía ser fruto de la negociación con los sindicatos, otro avance sustancial.
- Jornada máxima de ocho horas para todos los trabajos y servicios del Municipio. En este sentido, estaríamos ante el mismo caso del salario mínimo. Los trabajadores municipales debían conseguir el establecimiento de dicha jornada laboral, la gran reivindicación del movimiento obrero, y de ese modo, creemos que se podía convertir más allá de una conquista legítima para estos trabajadores, en un ejemplo para las demás administraciones públicas y, sobre todo, para las empresas privadas.
- Cantinas escolares con distribución de comidas gratuitas para los trabajadores entre las clases de la mañana y las de la tarde. Los socialistas consideraban que los niños de las clases humildes podían, de ese modo, contar con una comida adecuada, dados los problemas económicos de la mayoría de las familias españolas.
- Dar a todos los niños ropa y calzado, un traje y un par de botas o zapatos en la entrada del invierno y lo mismo en la entrada del verano. Estaríamos ante el mismo objetivo que el de la comida, pero está vez con el vestido y el calzado. Los niños, como vemos, se convirtieron en protagonistas de la política social municipal que defendían los socialistas.
- Asistencia médica y servicio farmacéutico gratuito. Los socialistas estaban defendiendo al comenzar la última década del siglo XIX un verdadero proto-estado del bienestar a través del poder municipal, al plantear una sanidad pública que incluyese no sólo la atención médica, sino también el acceso gratuito a los medicamentos.
- Creación de asilos para ancianos e “inválidos”. De la misma forma, el Municipio tendría una responsabilidad en la atención a las personas mayores y a quienes sufrían algún tipo de incapacidad.
- Creación de asilos de noche y distribución de víveres para los viandantes y los que buscan colocación sin tener residencia fija. La población sin hogar por distintas razones constituía un porcentaje muy alto de los habitantes en muchas poblaciones españolas de la época, especialmente en las ciudades importantes. Así pues, ya en 1892, los socialistas estaban preocupándose por los que no tenían un techo donde pasar la noche ni un sustento para sobrevivir.
- Creación de casas de maternidad para los niños cuyas madres tienen que abandonarlos durante el día o la noche para ir al taller o la fábrica. Los niños no podían estar solos y las familias (en ese momento se aludía solamente a las madres) tendrían derecho a que, en este caso el Municipio, pudiera garantizar que esos niños no estarían solos y sí atendidos debidamente.
- Creación de casas de baños y lavaderos públicos gratuitos. Es evidente que las viviendas humildes, además, de no ser nada habitables, no reunían condiciones cumplir con la higiene personal. Además, había que facilitar donde poder lavar la ropa sin coste alguno.
- Creación de bolsas de trabajo o de edificios donde tuvieran domicilio gratis y local para celebrar sus reuniones las sociedades obreras que se proponen mejorar la condición de sus individuos de clase. Las bolsas de trabajo tenían que ver con la lucha contra el paro. En el caso de los edificios para las sociedades obreras, el movimiento obrero socialista terminó por asumir como propia la iniciativa a través de la creación, con no poco esfuerzo, de las sociedades obreras de la UGT de levantar las Casas del Pueblo.
- Abolición de las subvenciones de carácter religioso. Los socialistas defendieron siempre la separación entre el Estado y la Iglesia, y había que comenzar en el nivel local, habida cuenta del trasvase de fondos públicos que recibía la Iglesia de los Municipios por distintos conceptos, asistenciales, educativos, ceremoniales, etc.
- Retribución de las funciones municipales con arreglo al salario máximo que percibían los trabajadores, a fin de que los concejales obreros puedan desempeñar su cargo. Esta reivindicación era muy evidente. Si los cargos públicos no cobraban un sueldo solamente podían ser desempeñados por personas con recursos. Un obrero o un jornalero del campo no podían ser concejales, es decir, no podían dedicarse a tareas de gobierno o de oposición porque no podían dejar sus empleos, que eran sus únicas fuentes de ingresos.
- Exigir el exacto cumplimiento de las Ordenanzas Municipales en todo cuanto favorezcan a los trabajadores y principalmente en lo que se refiere a la higiene de las habitaciones, análisis de los artículos alimenticios, derribo de las casas denunciadas y andamiaje de las obras. Este punto se terminó por convertir en una verdadera prioridad para los concejales socialistas en la oposición, muy especialmente, en las grandes ciudades como Madrid, ya que no cejaron de denunciar el fraude alimenticio, muy generalizado en relación con el pan, los lácteos y otros alimentos, exigiendo que se cumpliesen las leyes y vigilando su cumplimiento. En la cuestión de las obras también denunciaron la alta siniestralidad laboral, sin olvidar la necesidad de abordar una política pública de vivienda.
Hemos consultado el programa en el número 340 del 9 de septiembre de 1892 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.