El jardín y el agua en un espacio para el simbolismo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
La naturaleza es un espacio donde el hombre puede trabajar para modificarla a través de la sabia manipulación de las especies vegetales, pero también del terreno y las rocas, junto con obras de escultura y arquitectura para, a través de los símbolos, expresar a los iniciados o personas cultas e informadas, un conjunto de enseñanzas que sirvan para el aprendizaje de la vida.
De ese modo, a partir del siglo XVIII en distintos lugares de Europa se trazaron jardines muy elaborados y sofisticados, pero, a la vez, donde la naturaleza tenía que ser muy importante, eso sí, se trataría de una naturaleza civilizada.
Un sendero, una gruta, un lago, un templete, una estatua, una columna, un abejero, una esfinge, un laberinto, una ermita o un bosque no serían elementos gratuitos o para el puro solaz. Nada se deja al azar, todo tendría un significado, y el paseante avisado tendría que conocerlo, investigarlo o meditarlo.
La Masonería, por su parte, dada su tradición alquímica, trata de los cuatro elementos, es decir, tierra, aire, fuego y agua. En el jardín se necesita, evidentemente la tierra y el aire, pero, sobre todo el agua, un elemento que siempre estará asociado a los jardines iniciáticos. Precisamente, el jardín inglés tan vinculado con la Masonería, además de abrir lagos y estanques, así como fuentes, recuperará un elemento clásico intrínsecamente asociado al agua, el ninfeo, con una gruta de donde manaría agua y donde se bañaba Venus con sus ninfas. Curiosamente, uno de los lugares donde se alcanzaría una intensa belleza sería en el Criptopórtico y el Baño de Venus en el Jardín Inglés del Palacio Real de Caserta, es decir, fuera de Inglaterra, pero en un jardín con las características que nacieron en aquel país. El Criptopórtico es una gruta húmeda, pero realizada por el hombre, y donde el agua es la gran protagonista.
Así pues, el agua posee una importancia fundamental en el mundo del simbolismo desde los tiempos más remotos. Es fuente de vida, sirve para purificar, y regenera. En la tradición judeocristiana el agua simbolizaría el origen de la creación. Por ello, los lugares sagrados estarían cerca de manantiales y pozos. El bautismo es un sacramento fundamental con la presencia capital del agua. La inmersión tendría la virtud de purificar, de regenerar; es el renacimiento. En el Islam el agua también es primordial.
En el Corán se habla del agua que cae del cielo como una señal divina, pero, además, el hombre sería creado de agua que fluye. Como es sabido, las abluciones son preceptivas para los musulmanes.
El agua sería una fuerza vital opuesta al fuego en Masonería. Cuando se unen ambos el agua se volatizaría, completando la trinidad. Es uno de los cuatro elementos. Al parecer, el agua, el aire y el fuego serían tres compañeros que acompañan al hombre, que le abandonarían cuando fallece. Así, en las exequias se le devolverían por medio del «agua lustral», el incienso y los cirios.
Pero, además, el agua está presente en las tenidas y ceremonias masónicas. En la Cámara de Reflexión es el alimento fundamental porque fertiliza en el interior de la tierra para que germine la semilla. Después, en la iniciación el segundo viaje se denomina prueba del agua, consistente en la purificación y el bautismo filosófico. En el pasado la prueba llevaba a una inmersión completa, aunque con el tiempo, ha bastado con que se sumerja el puño izquierdo. En los altos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado el agua también aparecer, ya sea perfumada para las abluciones, ya como signo de reconocimiento. También es primordial en el Rito de Memphis. El agua está presente, por fin, en los ágapes masónicos, y recibe distintos nombres según el Rito que se practique. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y en el Rito Francés es la pólvora floja, frente al vino.
Por su parte, en la propia fundación de lo que se ha denominado la Masonería especulativa al comienzo del siglo XVIII en Inglaterra, es decir en las Constituciones de Anderson (1723), el jardín aparece como una obra arquitectónica, porque, recordemos que los masones son obreros, albañiles, arquitectos y constructores. Así en la larga introducción justificativa de la Masonería de dicho texto, aparece Nabucodonosor, caracterizado como el “Gran Maestro Masón”, que entre sus construcciones se encontrarían los famosos jardines colgantes de Babilonia, que se describen profusamente en el texto, aludiendo a las terrazas del mismo, que podrían evocar lo que veremos en muchos jardines masónicos que se levantan en distintos niveles y con escalinatas.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.