Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
John Hanning Speke en vez de regresar a Inglaterra, tras la guerra de Crimea, iba a permanecer en Asia occidental con su amigo el capitán Edmund Smyth, para probar suerte en la caza. Necesitaban pasaportes para penetrar en las montañas del Cáucaso, así que escribió a Norton Shaw para solicitarle que empleara su influencia y se lo consiguiera. Shaw le contestó que entrar en Rusia en aquellos momentos no era lo más aconsejable. Así que le recomendó que considerase la posibilidad de unir sus fuerzas con Burton, el cual había empezado a planificar una nueva expedición africana. “Con el siguiente correo – nos dice Speke – recibí una comunicación del propio capitán Burton, en la que me invitó a explorar con él, de nuevo el África”. Así que Speke regresó de inmediato a Inglaterra para preparar el viaje.
¿Por qué había pedido Burton a Speke que se le uniese en esa expedición? “Volví a sentir la ansiedad – escribe Burton – de llevar conmigo al teniente John Hanning Speke, ya que había sufrido conmigo, tanto en su bolsillo como en su persona en el incidente de Bérbera”.
Con su habitual meticulosidad en la preparación de los planes necesarios para una gran aventura, Burton investigó toda la literatura disponible con su energía de siempre, leyéndolo relativo a Nilo y sus fuentes en Estrabón, en Ptolomeo, Plinio y otros autores clásicos, en los originales griegos y latinos, así como abundantes obras en árabe. Examinó los mapas antiguos e investigó las leyendas de la fabulosas “Montañas de la Luna”, el Jebel Kumri (según la nomenclatura árabe) o “Montañas Lunática” en su propia concepción, ya que lo mitos y leyendas al respecto, indicaban que los hombres se volvían completamente locos nada más verlas. También estudió la literatura más reciente, los relatos de los exploradores holandeses, portugueses, inglese y franceses (ninguno de los cuales se había adentrado más allá de las franjas costeras) y, recopiló los papeles de los misioneros.
Para entonces Burton tenía el viaje bastante perfilado: el destino que anunció era la aldea de Ujiji (pronunciado “Uuiui”) más o menos mil millas al interior, a orillas del relativamente desconocido lago Tanganika. Ujiji, según se decía, estaba habitado por mercaderes árabes y, Burton pensó que, de ser cierto a este respecto, le sería de indudable utilidad en su búsqueda. Su verdadera meta posiblemente la mantuvo oculta adrede – quizá también operase en este punto la taqïya, el disimulo – y no hizo público en ningún momento, que se había propuesto proseguir la marcha hasta encontrar el Nilo, así como sus fuentes.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.