Los griegos. Heráclito. XL
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En mi modesta opinión, lo más importante en la filosofía de Heráclito, su auténtica originalidad, no es su concepción del fuego, sino su concepción del λόγος, ου ὁ palabra, relato, que gobierna al fuego y, al propio devenir antropocósmico. Esta idea aparece en múltiples obras de la juventud de Friedrich Nietzsche. Por su parte Spengler, sostiene que Heráclito, tiene una concepción del cosmos, de naturaleza energética, donde acontece un devenir puro e incesante, que empareja directamente con “el primer principio de la termodinámica”, haciéndose eco de la ciencia de su tiempo.
El fuego es eterno e increado; quizá debamos entenderlo, como el origen de todas las determinaciones y, de todos los seres, por analogía con el “ápeiron” de Anaximandro. No obstante, al referirse concretamente al fuego y, no a algo indefinido, Heráclito pone de manifiesto, la necesidad ontológica que la unidad ígnea tiene de desplegarse, de desvelar la multiplicidad de posibilidades que encierra, dando lugar al cosmos, “pluri-unidad que es al mismo tiempo uni-pluralidad”. Así en el fragmento 30 de Heráclito, podemos leer lo siguiente:
“Este orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas”.
Se ha discutido mucho, si el término “kòopuoç”, hace mención al “mundo en su totalidad, o simplemente, a un determinado “orden de cosas”. Nosotros entendemos que se trata, del mundo en su totalidad o, si se quiere, del “orden-del-mundo”. Posiblemente estemos, como se ha dicho, ante uno de los primeros usos del término, en sentido propiamente filosófico. Se dice, además, que este mundo es, “el mismo para todos”, destacando que, a pesar, de que los dormidos se retiren a veces, a un “mundo propio”, viven en el mundo único y común (lo sepan o no) junto con los que siguen vigilantes al “λόγος”.
No se trata, por otro lado, de una “creación de la nada”. “Hacer un mundo”, equivale a ordenar las cosas, según una cierta medida o proporción. En eso no han intervenido, ni los dioses, ni los hombres. El cosmos era, es y será “fuego siempre vivo”, la totalidad ordenada de las cosas, un fondo existencial-dinámico y eterno, del que emanan todas las realidades.
Como señalan Kirk y Raven, el fuego es la forma arquetípica de la materia para Heráclito y, el cosmos, concebido como totalidad, puede describirse como un fuego que, cuando una determinada cantidad se extingue, se vuelve a encender, en una parte proporcional.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.