Juan XXIII, papa
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El papa Pío XII falleció el 9 de octubre de 1958. Su pontificado había sido largo porque había sido elegido en 1939 en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El Cónclave se reunió el 25 de octubre y duró hasta el día 28, produciéndose once votaciones. Los cardenales electores eran 53, aunque solamente pudieron asistir 51. En realidad, se trataba de una cifra baja de cardenales, pero era debido a que Pío XII, a pesar de sus 19 años de pontificado, había celebrado solamente dos consistorios, donde se nombraban los cardenales, uno en 1946 y otro en 1953. Pío XII nombró 13 cardenales.
Las dos ausencias tenían que ver con la Guerra Fría. Se trataba de dos cardenales de la Europa del Este, de Hungría y de Croacia, es decir, Jószsef Mindszenty y Aloysius Stepinac. El primero sufrió la persecución comunista, siendo liberado de la prisión en la Revolución de 1956 para pasar a vivir asilado en la embajada norteamericana en Budapest hasta que pudo salir de Hungría en 1971. Por su parte, Stepinac había sido condenado en la posguerra por colaboración con el régimen ustasha a 16 años de prisión. Pío XII excomulgó a todos los miembros del tribunal, aunque no hizo lo mismo con los sacerdotes católicos implicados en asesinatos de serbios en los campos de concentración. Stepinac fue liberado por Tito en un gesto en favor de la reconciliación con la Iglesia Católica con la condición de que se marchara a Roma, o pasara a ejercer su misión pastoral en su localidad natal, alternativa que fue la que eligió. El papa le nombraría cardenal en 1952, hecho que desencadenaría la ruptura diplomática entre Yugoslavia y el Vaticano.
La mayoría para elegir al nuevo papa estaba fijada en 35 votos. Fue una elección reñida. En principio los dos “papables” más evidentes eran el cardenal Siri, a la sazón arzobispo de Génova, y el arzobispo de Bolonia, Giacomo Lercaro. Pero también había otros nombres: Valerio Valeri, Alfredo Ottaviani, Ernesto Ruffini y un cardenal no italiano, el armenio Gregorio Agagianian, patriarca de Cilicia. Así todo estaba muy abierto, aunque primaba la idea de elegir a un cardenal mayor buscando una especie de pontificado de transición, algo que siempre estaba en la atmósfera en el Vaticano después de un pontificado largo, lo que terminó por deshacer las expectativas cifradas en Siri, demasiado joven. Por otro lado, el peso italiano seguía siendo importante y eso iba en contra de Agagianian. En todo caso, fue muy votado, en unas votaciones donde unas veces salía como vencedor, mientras que en otras lo era el patriarca de Venecia, Angelo Roncalli, que tenía a su favor que era muy mayor y que se había destacado por un temperamento muy modesto.
Al final, fue elegido Roncalli, que no estaba entre los “papables”, para pasar a ser Juan XXIII.
Su pontificado fue muy breve, de cinco años, precisamente por su avanzada edad, pero generó una intensa y extensa popularidad, especialmente frente a su antecesor, por lo que hemos descrito de su temperamento, pero también por su intenso compromiso con los desfavorecidos, una verdadera novedad entre los últimos papas habidos, y por poner en marcha el Concilio Vaticano II, un hecho fundamental en la historia contemporánea de la Iglesia Católica en su intento de encontrar un lugar en el mundo cambiante que se abrió con la década de los años sesenta.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.