Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como ya apuntábamos, Johannes Ludwig Krapf, misionero, había regresado “con diversos descubrimientos, relativos a las fuentes del Nilo Blanco, el Kilimanjaro y los Monte de la Luna o, mejor dicho, los montes de los lunáticos”. Las fuentes del Nilo constituían un misterio que había intrigado, confundido y aturdido a la humanidad, ya desde los tiempos de Heródoto. En tiempos de Burton abundaban las especulaciones acerca del nacimiento del río, debido a los numerosos informes, que se habían obtenido de los tratantes de esclavos, sobre todo árabes, que habían penetrado hasta las honduras, de la costa oriental de África. Periódicamente, los europeos habían intentado localizar la fuente del río, pero siempre habían fracasado en sus intentos, debido a las junglas infranqueables y, a la hostilidad de los indígenas.
Con el éxito de su peregrinación a La Meca, con la fama que había conseguido, Burton se proponía emprender un viaje igualmente atrevido. ¿Por qué no emprender la busca del Nilo? Ello le llevaría a regiones de África, en las que ningún hombre blanco había estado jamás.
El plan de Burton era montar una expedición que se iniciara en Somalia, para avanzar después hacia el interior, hacia Harar, una legendaria ciudad cuyos gobernadores habían proscrito la entrada de los blancos e, incluso, de los cristianos africanos. Después pensaba seguir hacia el sur, con la esperanza de localizar las fuentes del Nilo. Más tarde procedería al este, hasta Zanzíbar.
Cuando menos, la primera parte de su propuesta tenía cierto interés, para los poderes decisorios de Londres. La exploración de la costa de Somalia, se había sugerido ya en 1850, por parte del doctor Carter, de la Compañía de las Indias Orientales. La Royal Geographical Society, no había apoyado plenamente la iniciativa de Carter, ya que le interesaba más el interior y, respecto a la franja costera ya disponía de alguna información. Carter había recorrido con toda cautela las costas de Somalia, aventura que suscitó el sarcasmo de Burton. “Carter, poco amigo de quedarse sin atributos – ya que esos pueblos descarriados (las tribus somalíes) tienen el hábito de cortarlos y, de colgárselos de los brazos a manera de ornamento – se negó en redondo a explorar el interior”, comentó Burton en una carta a Shaw.
La penetración en Somalia, más allá de sus costas, ofrecía un objetivo inmediato y, tan apasionante como había sido, peregrinar a La Meca. La exótica y misteriosa ciudad de Harar, a unas 200 millas de la costa, se hallaba a más de 1.500 m sobre el nivel del mar y era apenas conocida: sólo se sabía de los peligros que entrañaba y, por ello, resultaba más excitante. Bastaba con pensar en ella, para que, a un hombre de talante aventurero, se le pusiera el pelo de punta. Harar, escribió Burton en First Footsteps in East Africa, or An Exploration of Harar, “era equivalente a la fama que despertaba Tombuctú, en el extremo occidental del continente”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.