Thor Heyerdahl y la Isla de Pascua. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Por los motivos que expresamos en el texto anterior, al acceder a la universidad Thor Heyerdahl, eligió los estudios de zoología. El propio Thor confiesa que no le es fácil explicar por qué se despertó en él tan pronto, la sospecha de que, al dañar la naturaleza, nos dañábamos a nosotros mismos:
“Empecé a preguntarme si la palabra “progreso”, no se estaba confundiendo. Al principio se utilizaba, para describir aquello que nos llevaba a mejorar, pero apenas salió la palabra de nuestros padres, se apoderó de ellos, los llevó a suspirar, por todo lo que los alejaba de la naturaleza y, llegamos a olvidar que es a ella – la naturaleza – a quien tenemos que agradecerle, nuestra propia presencia en el mundo”.
Al fin y al cabo, el joven noruego era hijo de su época. Una época que había sufrido, los devastadores estragos de la Gran Guerra (la PGM) y, en que los adultos, a su juicio, lejos de asimilar la terrible lección, volvían a las andadas, galopando hacia los brumosos abismos de nuevo y, quizá definitivo apocalipsis. Europa era otra vez, un hervidero de conflictos. En política, en economía, en moral y en religión, se multiplicaban las disensiones.
“Yo estaba totalmente convencido – escribe Heyerdahl – de lo que la llamada civilización, había tomado un camino peligroso, de que la maquinaria de guerra, que se extendía por todo el mundo, acabaría llevando a las sociedades modernas, a una nueva y terrible conflagración”. Era preferible buscar una senda más segura, una vida al margen de aquella locura colectiva, que se iba adueñando de las mentes, supuestamente más capaces y preparadas para evitarla. Y Heyerdahl concluye: “Yo quería salir de Europa, antes de que todas aquellas armas espantosas fueran utilizadas”.
Sus premoniciones no pudieron resultar más adecuadas. Corría el año 1936 y, la SGM llamaba casi a las puertas del Viejo Continente. Para él había llegado la hora crucial, el momento, largamente esperado, de poner en marcha su experimento de retorno a la naturaleza. Heyerdahl lo tenía todo cuidadosamente planeado, desde mucho antes. Después de pacientes conversaciones con sus profesores de zoología, logró que estos apoyaran su iniciativa, de visitar algunos archipiélagos polinesios, para estudiar allí, como los animales locales, pudieron llegar hasta ellos, desarrollándose después en un aislamiento casi absoluto. Tuvo más dificultades para convencer a su recién estrenado suegro, de que accediera a que su única hija, marchara cogida de su brazo, hacia unas islas a duras penas localizables, en la mayoría de los mapas y, de las que las enciclopedias al uso, aseguraban, para colmo, que si por algo eran celebres, era por estar atestadas de caníbales inmorales y fornicadores. Al final, con todas las cuestiones académicas y familiares resueltas, surgió un último y peliagudo problema: ¿cómo desplazarse a su lugar de destino? En la década de 1930, ninguna agencia noruega, había oído hablar de las Islas Marquesas. Así que tuvieron que recurrir al tren, para atravesar Francia y poder embarcarse en Marsella, en un enorme buque transoceánico que, al menos, les levaría hasta Tahití.
Thor y Liv (su esposa) pasaron más de un año en Fatu Hiva. Al principio, dispuestos a no regresar jamás a la civilización, trataron de adaptarse como mejor podían, a un medio natural completamente extraño a sus hábitos y, al modo de existencia, que hasta entonces habían llevado. Después, aprendieron a vivir como los nativos. Con la ayuda de estos, se construyeron una cabaña de bambú. Se vistieron con taparrabos y, comieron frutas exóticas, cocos y cangrejos. Encendieron fuego frotando dos pedazos de madera. Solitarios en la soledad, rodeados por una espesa jungla, tuvieron que enfrentarse a los insectos, a las lluvias estacionales y a las enfermedades; sin medicamentos ni asistencia especializada, sufrieron el dolor y la postración, causados por las terribles llagas “fe-fe” en sus piernas y, en alguna ocasión, estuvieron al borde de la muerte.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.