Las aristas defensivas de Azaña para Luis Araquistáin
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Las ideas y el comportamiento serio y de compromiso con el servicio al Estado y la República que tenía Azaña no le facilitaban las relaciones con el resto de republicanos, como planteaba Araquistáin, en el artículo que estamos glosando que publicó en Leviatán en septiembre de 1934. Uno hombre que solamente prometía abnegaciones, sacrificios y el trabajo sin publicidad, se preguntaba el intelectual socialista, cómo podía ser aceptado por republicanos que no sentían el servicio público y que solamente veían el Estado como una “granjería” o una recompensa que les era debida, y como sucesores del “patrimonio monárquico”. Es más, un hombre así, como Azaña, no podía resultar simpático, y no lo pretendía tampoco. Azaña no buscaba atraer a nadie con sonrisas, con promesa que no importaba hacer porque no importaba cumplirlas, con lisonjas a la vanidad o dando esperanzas a la ambición o la codicia.
Azaña apelaba a la conciencia del deber en servicio de una idea o un sueño nacional, con los únicos medios de la voluntad y la pasión de la justicia, como un Quijote, aunque más desvalido porque el personaje contaba con una celada de cartón y montaba un caballo flaco, pero él no contaba ni con eso, como llegó a confesar el propio político republicano en una conferencia que impartió el 21 de abril de 1934 en Bilbao.
Azaña, a pesar de que, en realidad, era afectivo y cordial, parecía en ocasiones duro en defensa de su propia integridad. Era impaciente con el frívolo, con el “cuco” y con el tonto o con el que se lo hacía, pera lograr su objetivo, en defensa de la seriedad. Era irónico y hasta sarcástico con el necio que no se enteraba y que se creía listo, en defensa de la seriedad del tema o problema que se discutía. Azaña se envolvía en el “dulce humor cervantino o áspero humor quevedesco” según los momentos, para defender su serenidad interior, y hasta “catilinario alguna vez”, aunque pocas, según Araquistáin porque Azaña era una personalidad responsable y no era dado a emplear palabras o juicios irreparables.
Seguiremos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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