Un análisis socialista español sobre Hindenburg en 1934. Primera parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Como es sabido, Paul von Hindenburg es un personaje destacado de la historia contemporánea alemana. Participó en la Guerra franco-prusiana, y aunque se retiró en 1914 volvió al servicio activo al estallar la Gran Guerra. Fue protagonista del avance alemán en el frente ruso, y terminó por adquirir un enorme poder no sólo en el ejército, sino, sobre todo, en Alemania tanto sobre el káiser como sobre el gobierno y el Reichstag. En 1919 se retiró, pero regresó a la vida pública en 1925 cuando fue elegido como presidente de Alemania. Fue convencido para que se presentara a la reelección en 1932 a pesar de su avanzadísima edad y a su quebrantada salud, al considerarse que era el único candidato que podía derrotar a Hitler. Así ocurrió. Hindenburg no conectaba con las ideas nazis, pero en la inestable política de esos años del inicio de la década de los treinta, con dos disoluciones del Reichstag, terminó por ceder y nombraría a Hitler como canciller en 1933. Al poco tiempo firmaría una disposición que se puede considerar el inicio del fin de la democracia y de la República de Weimar, el conocido como Decreto del incendio del Reichstag. Por el mismo se suspendieron las libertades. Pero, es más, en marzo también aceptó la Ley Habilitante que dio al nuevo Gobierno poderes verdaderamente arbitrarios. Hindenburg murió el 2 de agosto de 1934.
Pues bien, la revista socialista española de pensamiento, Leviatán, dirigida por Luis Araquistáin, en su número de septiembre de ese año y en la sección titulada “La marcha del mundo” se dedicó un largo análisis a la situación alemana, dedicando una parte al recientemente fallecido Hindenburg. Ese es el objetivo de la presente pieza, como de la siguiente.
Se planteaba la siguiente pregunta: “¿Era Hindenburg un traidor? Para analizar la figura del general se requería un análisis objetivo. No se podía afirmar como muchos habían expresado que había sido un “perjuro abominable y un estupendo farsante”. La revista no quería realizar juicios simplistas.
En primer lugar, Hindenburg había sido un soldado que, retirado, se disponía a pasar el resto de su vida retirado en Hannover. Lo sacaron de ahí para participar en la guerra. Después de la famosa batalla de Tannenberg donde fueron derrotados los rusos, regresó con más fuerza. Se había convertido en un personaje eufórico, llegando a confesar, al parecer, que la guerra le sentaba como una “cura de aguas”. En cierta medida, esa victoria le abriría el camino de la política. Al morir el presidente socialista Ebert en 1925 quedó vacante la presidencia de la República. Las fuerzas republicanas y los partidos obreros estaban divididos, pero la “reacción” estaba unida detrás de Hindenburg. En el artículo se afirma que no debió hacerle mucha gracia al mariscal el mandato, pero triunfó. Es más, se afirmaba que eso fue una desgracia para el personaje, pero también para Alemania. En unos momentos tan delicados no era el puesto indicado para un soldado de setenta y cinco años, que solamente entendía de guerra y caza.
Seguiremos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.