Baruch Spinoza. Uriel da Costa. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Uriel estaba igualmente, parece, torturado, por sus dudas concernientes a la inmortalidad del alma y, a una vida eterna en el más allá, doctrinas que continuaría atacando en sus escritos siguientes. Venecia reaccionó a la publicación del libro de da Costa, mediante un “Herem” (excomunión) que procedía contra él, el 14 de agosto de 1618, inspirada o redactada por el rabino León Modena. El juicio de Modena, debió de tener repercusiones importantes en Hamburgo y en Ámsterdam, dada la relación de tutela, existente ente estas dos comunidades y, la Congregación veneciana. El rabino decidió igualmente, a titulo persona, refutar los puntos de vista da Costa y, defender los de la Ley oral en un libro, “Le bouclier et la targe”.
Da Costa fue por ello, expulsado de Hamburgo y regresó a Ámsterdam, poco tiempo después y, continuó exponiendo sus opiniones. Según Samuel da Silva, médico en Hamburgo, al que los rabinos de la comunidad de Ámsterdam, habían pedido que refutara las teorías de da Costa, afirmó que da Costa, rechazaba el rito de la circuncisión y, se burlaba del empleo de diversos objetos, del rito judío, como los “tefillin” (amuletos y relicarios), los “tallitot” (mantones para las plegarias) y los “mezouzot” (objetos de culto judío).
Sin embargo, a los ojos de da Silva, lo más importante era la negación de da Costa, de la inmortalidad del alma. Ya que éste sostenía, que el alma humana es mortal y, no sobrevive a la muerte del cuerpo. Un alma, afirmaba, es engendrada de forma natural por los padres. No es creada de forma separada por Dios y, colocada en el cuerpo. Ella accede a la existencia con el propio cuerpo, pues es, de hecho, parte del cuerpo, es el espíritu vital que reside en la sangre. De manera que ella, es necesariamente tan mortal como el cuerpo. Así que no hay vida de ultratumba, ni castigo o retribución eternos. Una vez fallecido, no queda nada del hombre y, jamás regresa a la vida. La preservación de “esta” vida, constituye la razón para obedecer a Dios y sus mandamientos y, los frutos que se recolecten, serán simplemente, las recompensas de nuestras obras aquí abajo. La Ley, sostenía da Costa, no dice que el alma sea inmortal, ni que haya vida alguna tras la muerte, una vida de recompensa o castigo. Al contrario, la Torah nos dice que el ser humano y, no simplemente el cuerpo humano, es “polvo que regresará al polvo”. Concluye igualmente, que existe un gran número de errores, males y comportamientos supersticiosos, debidos a nuestros temores y esperanzas, de los más irracionales, que encuentran su razón, únicamente en la creencia de la inmortalidad del alma.
El 15 de mayo de 1623, el anatema que Venecia y Hamburgo, habían lanzado contra Uriel da Costa, fue, no es extraño, aprobado también por la comunidad de Ámsterdam. A lo que da Costa respondió con una provocación. “La situación, habiendo llegado a este punto – escribió – he decidido escribir un libro, en el cual me propongo, demostrar el carácter justo de mi causa. Mostraré abiertamente la vanidad de las tradiciones y, las observancias de los fariseos, así como el desacuerdo de sus tradiciones y sus instituciones, con relación a la ley mosaica”. “Le examen des traditions pharisiennes” de da Costa, publicado en 1624, por la misma editorial holandesa, que publicó el ataque de da Silva, “Traité sur l’immortalité”, es un desarrollo de su precedente refutación, de la inmortalidad del alma y, de su ataque contra la tradición oral. Por sus opiniones heréticas, que ofendían, tanto a los cristianos como a los judíos, fue arrestado por la ciudad de Ámsterdam; pasó diez días en prisión y, fue condenado a una multa de 1.500 florines. El libro fue quemado y, hoy no nos queda sino un solo ejemplar.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.