Araquistain sobre la génesis del fascismo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Luis Araquistain publicó en el número de junio de 1934 de la revista que dirigía, Leviatán, un trabajo titulado “Condotieros y fascistas”, que queremos analizar en distintas piezas. En esta primera estudiaremos su tesis sobre la génesis del fascismo, que es la primera parte de su artículo.
En primer lugar, el intelectual socialista explicaba que los fascistas italianos se habían esforzado en atribuir lo que ellos denominaban la revolución de 1922 dos características específicas: la universalidad y la novedad histórica. Según esta tesis todo el mundo o gran parte del mismo debía pasar por una “fase fascista”. Cierto era que había triunfado en distintos lugares. En unos lo habría hecho de forma evidente y en otros disimuladamente. Hasta citaba el caso de la Dictadura de Primo de Rivera. Así pues, aceptaba la característica de universalidad, pero otra cosa muy distinta era aceptar, como pretendían los fascistas, que eso se debía a las “excelencias de esa doctrina” y a la superación histórica del concepto del Estado y la sociedad. Para Araquistain eso no era cierto y el fascismo sería un movimiento de decadencia, de la descomposición de una sociedad en crisis, que era lo que quería explicar.
Antes de este examen había que estudiar si el fascismo era una novedad en sí, como también proclamaban los fascistas. Era importante detenerse en esta cuestión porque servía para comprender mejor lo que representaría el fascismo como síntoma de un régimen social caduco que se resignaba a morir, y que en la agonía se defendía violentamente.
El fascismo en sus orígenes, en Italia y en Alemania no había sido una idea, sino una fuerza organizada, una “banda de condotieros”, un ejército privado de mercenarios que pagarían los grandes industriales por temor al comunismo. En esa banda se habían alistado los desmovilizados de la guerra y por la fuerza del maquinismo en la industria. Esos alistados habían perdido o estaban a punto de perder su rango de clase. Se había nutrido de la pequeña burguesía que se estaba proletarizando.
Araquistain hablaba del fenómeno de los “condotieros” en el pasado histórico pero que se estaba repitiendo, en cierto sentido, en el siglo XX. El condotiero era un hijo del feudalismo que se desintegraba. El jefe de los mismos solía salir del seno de la nobleza arruinada y destituida por el poder político y económico de la naciente burguesía de las ciudades italianas. Los “fascios medievales” nacían para ponerse al servicio, a cambio de un estipendio, de las instituciones del feudalismo en quiebra, como hacían los fascios contemporáneos para defender, también por dinero, a la burguesía casi en bancarrota y presa del temor de la victoria de los bolcheviques, que habría motivado a los trabajadores italianos a la ocupación de fábricas en 1920. Más tarde, los condotieros se ofrecían a todo el que pudiera pagarlos en esa crisis bajomedieval, como al emperador contra Roma, al burgués contra el señor feudal, o a unas ciudades contra otras. Vaticinaba que lo mismo podrían hacer Hitler y Mussolini.
Las condiciones objetivas del fascismo, siempre según nuestro protagonista, se estaban dando en la mayoría de los países porque en ellos había pequeños burgueses e intelectuales que culpaban al socialismo, es decir, a la clase obrera organizada para conquistar el poder político y suprimir desde el Estado la propiedad privada de los medios de producción, de ser la causa de su miseria y de su desclasificación social. Estarían dispuestos a defender con las armas, si fuera preciso, la posición que antes ocupaban.
Pero también sería cierto que el fascismo no se desarrollaría de la misma forma en todos los países, ni en extensión ni en intensidad, en función de características específicas de cada país.
Pero la clave estaría clara: la pequeña burguesía, en trance de proletarizarse, era la materia prima del fascismo, como la pequeña aristocracia venida a menos había sido la materia prima de las bandas de los condotieros, precedentes de las milicias fascistas.
Seguiremos con esta cuestión.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.