La municipalización de la fabricación y distribución del pan en las elecciones municipales de 1920
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Al programa municipal aprobado por los socialistas en la última década del siglo XIX, y que hemos estudiado en algunos trabajos, se añadió un punto fundamental que tenía que ver con la municipalización de los servicios, un objetivo que compartían con el resto de formaciones socialistas europeas y con el fabianismo británico, el gran inspirador de esta cuestión en la izquierda.
En la campaña para las elecciones municipales de 1920 los candidatos socialistas incluyeron la necesidad de la municipalización de la fabricación y distribución del pan, el alimento básico, tan caro para la mayoría de las clases humildes y que, por lo demás, solía ser objeto de fraude en relación con la cantidad a vender y el precio, como bien demostraron en infinidad de ocasiones los concejales socialistas en muchos Ayuntamientos, y especialmente, en el madrileño.
Dentro del manifiesto dirigido a los electores madrileños los socialistas se explicaba que el gran objetivo en materia de subsistencias sería ofrecer soluciones que debían aplicarse desde el Ayuntamiento para atacar las causas que generaban la carestía de la vida. Si no lo hicieran así no se procedería con la seriedad que correspondía a los candidatos de un partido como el socialista, aunque solamente se pudieran atacar los motivos locales de dicha carestía.
Esos “motivos locales” tenían que ver en Madrid con la figura de los intermediarios, que son los que encarecían las denominadas subsistencias, convirtiendo la ciudad en una de las más caras del país.
Para el caso concreto del abaratamiento del pan se proponía la municipalización de su fabricación y abasto. Se informaba que esa municipalización se había aplicado en distintas ciudades europeas con notable éxito, por lo que había referentes en los que fijarse.
Pero, ciertamente, los socialistas entendían un argumento contrario a esto que planteaban los tahoneros, y tenía que ver con el hecho de que afirmaban que no prosperaría ese proceso, precisamente porque lo haría un Ayuntamiento famoso por sus “viciosas prácticas”. Los socialistas conocían bien esas corrupciones porque llevaban decenios denunciándolas. Por eso, proponían, en vista de que el Ayuntamiento madrileño no era garantía moral ni de capacidad, la creación de una organización nueva, una especie de Consejo, formado por técnicos, representantes del Ayuntamiento, delegados de los obreros panaderos, y delegados de los consumidores, con el fin de que todos los sectores estuvieran representados.
El Consejo debería funcionar de forma autónoma en relación con el Ayuntamiento, es decir, que no debía depender institucionalmente del mismo, aunque éste tendría una función fiscalizadora sobre aquel.
Sería competencia del Consejo la compra de géneros, la venta del pan, el nombramiento de personal, la organización del trabajo y cuanto tuviera que ver con todo lo relacionado con la fabricación y distribución del pan.
Por su parte, el Ayuntamiento tendría que comprar o arrendar una fábrica de harinas con el fin de librar a la industria del pan de la “acción perniciosa de estos fabricantes”.
Hemos trabajado con el número 3417 del 24 de enero de 1920 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.