Los socialistas españoles sobre la restauración monárquica en Alemania en el otoño de 1932
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En una columna sobre política internacional de El Socialista, del 19 de octubre de 1932, sobre Alemania, con el título de “Restauración en Alemania”, se especulaba sobre si era posible la restauración de los Hohenzollern. Por lo que nosotros sabemos de lo que pasaría unos tres meses después, no parece que este pudiera ser un tema relevante, pero eso no es así porque el príncipe Guillermo jugó un papel en la crisis de la República de Weimar, dentro del juego de Hitler para conseguir ser nombrado canciller.
El periódico obrero español explicaba que la dinastía destronada aspiraba a reinar de nuevo. Parecía algo “lógico y natural”, ya que todo el que perdía su fortuna trataba por todos los medios a su alcance de reconquistarla. El que el kronprinz (el príncipe heredero) se presentase un día como seguidor de Hitler, era una situación para alarmarse para los socialistas españoles. No podía parecer admisible que quien había acariciado la idea de heredar el imperio se adscribiese, como un soldado, a la “falange nazi”.
En este sentido, recordemos que Guillermo había elogiado a fines de los años veinte al fascismo italiano. En 1930 se unió a los denominados “Cascos de Acero”, una organización paramilitar vinculada al DNVP, es decir, el Partido Popular Nacional Alemán, intensamente conservador, reaccionario, nacionalista y populista que fue la principal fuerza en ese sector hasta el ascenso de los nazis en la política. Dicha formación consideró que el príncipe Guillermo debía presentarse a las elecciones presidenciales de 1932. Guillermo invitó a Hitler para discutir una propuesta que consistía en que el sería el presidente y Hitler el canciller. Pues bien, Hitler aceptó el plan, pero el antiguo káiser, desde Holanda, advirtió a su hijo que no debía seguir adelante porque para ser candidato había que hacer el juramento a la República y si hacía eso estaba muerto para él y sería excluido de la dinastía. Pero si pretendía romper el juramento al acceder al poder entonces se convertiría en perjuro y dejaría de ser un caballero. El poder no se podía recuperar, en consecuencia, a través del acceso a la presidencia de la República. En consecuencia, Guillermo no se presentó a las elecciones. Por su parte, Hitler manipuló al príncipe hasta su llegada al poder porque siempre le aseguró que una de sus intenciones era la restauración de la monarquía. Con eso se ganó el apoyo de Guillermo en las elecciones presidenciales de 1932, aunque, como sabemos, perdió. Pero, es más, en abril, Guillermo protestó ante el Gobierno por la prohibición de las SA y las SS. En enero de 1933, Guillermo estuvo en las intrigas y negociaciones en el entorno de Hindenburg para que Hitler fuera canciller, y después se pasó elogiando el nazismo durante un tiempo hasta la Noche de los Cuchillos Largos cuando comenzó a alejarse del régimen.
Volvemos al periódico socialista. Hemos visto que el mismo calificaba el acercamiento del príncipe al nazismo como inadmisible. Estaba buscando la restauración, y el periódico se preguntaba si sería posible o no. No se trataba de un golpe de audacia sino de un juego de estrategia política. Se buscaba lograr la restauración de una manera sigilosa y cauta, sin alarmas, sin riesgos. Era una estrategia con una serie sucesiva de medidas transitorias en alianza con el factor tiempo hasta que el príncipe recuperase el trono imperial. La única ventaja que veía el diario socialista era que lo que hasta el momento había sido un juego secreto ya se había hecho público.
Todo el mundo estaría de acuerdo en reconocer que la política alemana pasaba por un trance particularmente difícil. La lealtad republicana de Hindenburg parecía desvalorizada en buena parte por el secreto fervor monárquico de Von Papen, más acentuado en algunos de sus ministros. Por otro lado, tanto la socialdemocracia como los comunistas habían perdido por causas distintas gran parte de su eficacia, aunque conservaban fuerzas para oponerse a una restauración. Por eso, se estaban empleando las armas de la negociación política y no se abordaba el problema de un modo violento.
El factor tiempo, aliado en los cálculos monárquicos, era, en todo caso muy aleatorio. Si se fiaba al mismo la restauración, podía reservar sorpresas desagradables a los “demasiados ilusos”. La carta que empleaba el príncipe era poco segura. Para los socialistas españoles el futuro de Alemania no estaba hipotecado por la familia del anterior káiser, aunque bien sabemos nosotros que sí, aunque por otra hipoteca infinitamente más trágica.
Hemos trabajado con el número 7395 del 19 de octubre de 1932 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.