Eiger. Pared Norte. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La pared norte del Eiger, en los Alpes suizos, tiene casi 1.800 metros de desnivel, y en los años treinta del pasado siglo, fue el teatro de los horrores del alpinismo. De hecho, hasta los sesenta, por cada dos escaladores, que intentaban ascender su infinita pared, uno fallecía.
Hace treinta años, en 1992, la francesa Catherine Destivell, reservó una habitación en el hotel de la estación del tren cremallera de Kleine Scheiddeg. Desde su terraza, provistos de prismáticos, los turistas asistieron durante años, a las desgracias y terrores, de los alpinistas que intentaban superar la famosa pared norte. Así que cuando la dueña del hotel, se entero de que Destivelle, no se alojaba para esquiar al día siguiente, sino para hacer algo que nadie había hecho nunca, la acogió con una frialdad inusitada. “La señora estaba harta de tanta desgracia”, explicó Destivelle.
No hubo drama al día siguiente, sino un capítulo brillante, en la historia del alpinismo: Destivelle se convirtió en la primera persona, en recorrer la “vía Heckmair” (abierta en 1938), en la pared norte del Eiger, en un solo día y sin reconocimiento previo de la pared. “No quería que me trataran como una mujer alpinista, sino como una alpinista. Y para eso quería hacer una “primera”: ser el primer ser humano, en escalar “a vista” y en solitario la Norte del Eiger” explicaba hace escasas fechas la francesa. “Las mujeres, especialmente las más fotogénicas, teníamos ventaja en este mundo del alpinismo, porque nos habíamos prodigado tan poco, que casi cualquier cosa que hiciéramos, tendría el titular de “primera mujer”. Destivelle lo logró, y su aura se hizo tan enorme, que ha habido que esperar 30 años, para encontrar a otra mujer, que se atreviera a escala en solitario, la norte del Eiger.
El pasado 25 de marzo, la austriaca Laura Tiefenthaler, completó la ruta original, en 15 horas, tres menos de las que invirtió Destivelle en su día, hace 30 años. Pero Destivelle no considera que la austriaca, haya firmado una repetición, sino una “ascensión diferente”. Según la francesa, el hecho de que Tiefenthaler ya conociese la ruta (la había escalado días atrás con una compañera) resta el mérito de hacerlo adentrándose en terreno desconocido. El matiz, en su opinión, es muy importante.
La norte de Eiger resulta tan intimidante, que incluso pocos pueden dormir a su sombra. Hace 30 años, Destivelle se obligó a escalar sin prisas, para no cometer errores, pero reconocería que los primeros metros de la ruta, los escaló al ralentí, tratando de expulsar el miedo, y todos los fantasmas que la perseguían. Muy cerca del final de la ruta, en las fisuras de salida, se autoaseguró en un paso. A las once de la noche alcanzó la cima, donde se encontró a una persona durmiendo, en su saco de plumas: era su amigo Jeff Lowe, que había ascendido por una ruta “sencilla”, para ayudarla en caso de necesidad. Curiosamente, Laura Tiefenthaler también tuvo que autoasegurarse, en el mismo punto donde los hizo Destivelle, y reconoce que trató siempre de priorizar la seguridad, sobre la velocidad. Cabe recordar que Uli Steck, ostenta el record de velocidad de esta difícil ruta: “2h y 22 m.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.