El Congreso Antimasónico de Trento sobre las religiones inspiradoras de la Masonería
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El Congreso Antimasónico de Trento de 1896 trató cuatro grandes temas: la doctrina masónica, la acción masónica, la oración y la acción antimasónica. En esta pieza trataremos de la doctrina masónica, y emplearemos como fuente la obra del militar e historiador Honorato Saleta y Cruxent, que en 1897 publicó un libro titulado, La masonería en España y Ultramar, un ejercicio de intenso antimasonismo, especialmente en relación con las colonias de ultramar.
En relación con la sección primera del Congreso sobre doctrina masónica, la primera cuestión sometida a examen de dicha sección se titulaba: “Doctrinas religiosas que han inspirado á la francmasonería”.
Las conclusiones se apoyaban en la autoridad oficial que sancionaba las doctrinas expuestas, supuestamente, en una amplia bibliografía de obras masónicas y que habían figurado en una exposición de dicho Congreso. En consecuencia, se declaraba que esas doctrinas religiosas y filosóficas de la masonería serían las doctrinas “fálicas” de los antiguos misterios que, desde la India, pasando por las civilizaciones antiguas occidentales, Grecia y Roma, los druidas, llegaban hasta los tiempos del cristianismo a través de distintos movimientos heréticos. Al final, estarían los “filósofos del fuego o alquimistas” o los rosacruces, que, siempre según estas conclusiones, habrían fundado la masonería el 24 de julio de 1717 para perpetuar con su simbolismo el culto de “falo”, llamado también “naturalismo o culto a la naturaleza”. Por eso, la masonería se definiría así misma como “La capacidad de la naturaleza, la inteligencia del poder que existe en la naturaleza y sus diversas operaciones”.
Esa capacidad de la naturaleza se vincularía a la “luz”, que iluminaría a todo hombre que venía al mundo. La inteligencia del poder se referiría a la ciencia que abrazaba todas las ciencias y en particular la ciencia del hombre, “nosce te impsum”. Y, por fin, en cuanto a la variedad de las operaciones de la naturaleza, se proclamaba un sistema de moral velado por alegorías y adornado de símbolos.
En conclusión, la masonería era la ciencia “del santo nombre de Dios, de la palabra Gehová pronunciada é interpretada en el lenguaje de las logias por HI-HO que quiere decir El Ella; los dos sexos, el poder generador.
En realidad, asistimos a una complicada y difícilmente entendible teoría sobre los supuestos orígenes religiosos de la masonería, pero que pretendía ser muy científica como medio para demostrar unos orígenes oscuros de la misma con el fin de cimentar la primera piedra de un discurso combativo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.