La sexualidad de los vikingos. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
De primordial importancia, es el hecho de que los matrimonios de la época vikinga, podía ser poligénicos (práctica de un hombre de contraer matrimonio con más de una esposa). La existencia de esta práctica se ha demostrado polémica, en el ámbito académico, lo cual no deja de ser extraño, dado que las pruebas son evidentes. Esto quizá apunta, a la resistencia de los estereotipos y, sugiere el tipo de época vikinga, que la gente esté dispuesta (o no) a aceptar. Hay referencias a hombres con múltiples esposas, en las crónicas de viajeros árabes, que se toparon en persona con los vikingos en Rusia, durante el siglo X.
La poliginia también aparece, hasta cierto punto, en el corpus del nórdico antiguo. La obra éddica “Poema sobre Helgi Hiovardsson”, empieza con un prólogo, que describe las cuatro esposas de un rey. En la “Saga del rey Harald Cabellera Hermosa”, leemos que “tuvo muchas esposas”, en un pasaje que luego, nombra a tres de ellas. Se especifica, además, que uno de sus matrimonios, incluyó la estipulación, de que “abandonara a nueve de sus esposas”. Un verso escáldico, relata los diversos distritos de Noruega, de los que procedían estas mujeres y, en capítulos anteriores, queda claro que, además de estas esposas, tuvo concubinas. En la “Saga de Harald Sigurdsson”, también encontramos una breve mención, a que el rey tomó una segunda esposa.
La poliginia aparece con toda claridad, en las fuentes legales islandesas y, continuó, hasta bien entrado el periodo cristiano (y difícilmente puede pensarse, que fuera una innovación introducida por la Iglesia). Un “lagman”, es decir, un hombre de leyes o letrado, estaba casado, a la vez, con una mujer y la hija de esta. El papa se vio obligado a escribir dos veces, al clero islandés, para quejarse de esta práctica y, hubo sacerdotes enterrados, con múltiples esposas e hijos, incluso hasta el siglo XV, como por ejemplo en Saríduklaustur. La institución se conocía, de manera eufemística, como “bi-fruar”, que se traduce aproximadamente como ‘mujeres extra’. Dos obispos islandeses fueron canonizados en parte, porque fueron los únicos clérigos, que permanecieron célibes en toda la isla. El matrimonio siempre ha estado sometido al control, por tratarse de una herramienta primaria de poder y, fue justo por esa razón, por lo que la poliginia perduró más entre las clases dirigentes, que entre el pueblo llano.
Está claro que los matrimonios poligénicos, casi siempre cuentan con jerarquías internas de estatus relativo, entre las diversas esposas y, no es ni mucho menos de esperar, que se nombre a nadie más que a la “primera esposa”, en inscripciones que, a menudo, nos hablan de herencias y, reivindicaciones territoriales. En segundo lugar y, lo que es todavía más importante, las estelas suecas son, casi en su totalidad, del siglo XI, a finales de la época vikinga y, suelen inscribirse en un contexto, claramente cristiano. Dada la rotunda oposición de la Iglesia a la poliginia, refrendada en las leyes, lo sorprendente habría sido, que las estelas “mencionaran” ese tipo de relaciones. Pero hay dos excepciones: la de Uppinge, en Sudermania y, la de Bräcksta, en Uplandia. En ambas estelas, las inscripciones mencionan a dos esposas del mismo hombre. En las estelas suecas, se alude también, a numerosos medio hermanos, junto con la habitual lista, de diversos patrocinadores, para un único monumento conmemorativo. Esto contrasta, con las inscripciones del sur de Suecia, que se convirtió mucho antes al cristianismo y, donde lo habitual, es que sólo haya un patrocinador.
Las mujeres de la época vikinga, no iniciaban ni impulsaban formalmente, estas relaciones, aunque, en ocasiones, eran un medio para canalizar, vínculos emocionales y, darles algún grado de sanción social, fuera de lo que debieron de ser, matrimonios sin amor. Sin embargo, en los códigos legales, está claro que los hombres (que era quienes hacían las leyes) se asignaron el papel dominante en estos acuerdos. Es más, una mujer que se convertía en concubina, renunciaba con ello, a su derecho a que se pagara a su familia, el precio de la novia, pues no iba a contraer matrimonio, pero ya estaba “pedida”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.