La sexualidad de los vikingos. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El parentesco, la familia, era el pegamento que mantenía unidas las comunidades de la Edad del Hierro. Realidad que se hace especialmente evidente, cuando empieza a disolverse, como sucede durante la crisis del siglo VI y, el periodo subsiguiente. La mayoría de la gente pertenecía a la clase media rural de “boendr” (granjeros), que vivían dentro del entorno protector del “hjón” (la casa). Esta no era siempre independiente y, podía abarcar el concepto de arrendamiento y, la obligación del pago de tasas o impuestos de algún tipo, a un señor. También incluía, la esfera protectora de la familia, que se cobijaba bajo ese techo.
La vida familiar se consagraba y perpetuaba, a través de la institución del matrimonio, pero esto ocultaba muchos matices. En la época vikinga, el matrimonio era, ante todo, un contrato entre familias, más que entre individuos. Era un medio por el que se formaban y adaptaban, las estructuras e identidades de parentesco, así como las jerarquías políticas y sociales. Se ponía tanto énfasis, en unas relaciones planeadas con sumo cuidado, como en los vínculos de sangre; de hecho, pude que las primeras, tuvieran más peso que las segundas. Un matrimonio favorable, por ejemplo, no sólo era esencial, para asegurar el estatus social y político de los individuos y sus parientes, sino también, en algunos casos, para asegurar la supervivencia en tiempos de conflicto.
Las negociaciones eran maniobras complejas y, las chicas podían darse en matrimonio, a muy temprana edad – incluso con trece años – aunque a menudo el matrimonio sí, se retrasaba hasta que la novia cumpliera los 16. En la “Saga de Gunnlaug” (Lengua de Serpiente), una tal Jófríd, ya es una viuda cuando se casa, con Thorsteinn, a la edad de 18 años. Esto no era inusual. Los hombres solían casarse, a una edad bastante mayor, lo que implicaba que, con el tiempo, muchas jóvenes enviudaban y volvían a casarse. Ellas mantenían sus derechos de propiedad, durante el matrimonio. Las dotes no las pagaba la familia de la novia, sino la del novio, como “mundr” o precio de la novia. En la “Saga de los confederados”, un hombre se lamenta de que ninguna de sus hijas se ha casado, porque no hay ningún hombre lo bastante rico, como para permitírselas.
En las esferas más elevadas, los matrimonios eran, primero y, ante todo, alianzas entre familias: ofrecían influencias sobre otros individuos y, garantías en estrategias de poder, diseñadas para impulsar los intereses a largo plazo, de las élites. Las costumbres matrimoniales divergieron en la práctica, según el estrato social y, lo que la nobleza consideraba correcto, tal vez fuera distinto del modo de hacer las cosas “en el campo”. La “Lista de Rig” es un poema éddico, que describe un complejo matrimonio de clase alta, con exquisitos ropajes y una gran ceremonia. En el otro extremo, la “Saga de Egil Skalla-Grímsson”, relata un episodio en el que un granjero, compra la hija de otro, por una onza de oro, en “una especie de matrimonio”, no es difícil imaginar el resto, dice el historiador Neil Price.
El divorcio no era infrecuente y, una esposa podía iniciar los procedimientos, igual que el marido. La mujer podía acogerse, a toda una serie de motivos, incluido el mero hecho de estar descontenta, todos profundamente orientados a su favor. En la “Saga de Enjál el Quemado”, una mujer abandona a su marido, debido a la impotencia de este, lo que se consideraba una causa formal de divorcio. En la “Saga de Gísli”, una mujer amenaza con el divorcio, cuando su marido protesta porque ella es adúltera. La extrema pobreza – culpa del marido, por no mantener a su familia – también se consideraba motivo suficiente, para disolver el matrimonio. La violencia era un aspecto significativo, de las peticiones de divorcio, aunque la severidad de las heridas, citadas en tales casos, es tal, que parece que el umbral de tolerancia a la agresión masculina, era elevado.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.
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