Burgueses demócratas. 10 de agosto de 1792
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Toma de las Tullerías el 10 de agosto de 1792, por Jean Duplessis-Bertaux (1793, Museo del castillo de Versalles). / Wikipedia
Los manifestantes que el 10 de agosto asaltaron el Palacio de Las Tullerías, no eran la hez del pueblo, como han apuntado algunos malos ¿historiadores? De los 326 muertos o heridos, casi la cuarta parte pertenecía a los “federados”, todos burgueses de provincia. Entre los parisinos, pagaron su tributo de sangre los humildes comerciantes, los artesanos y los asalariados.
El 10 de agosto, acabó lo que la huida de la familia real a Varennes había comenzado. El programa de los llamados “fuldenses” (El Club des Feuillants – Fuldenses - es el nombre con que se conoce familiarmente en francés a los "Amigos de la Constitución", un grupo político, de tendencia monárquica constitucional opuesto al derrocamiento del rey Luis XVI, tras su Fuga de Varennes el 22 de junio de 1791) que apuntaba a consolidar los resultados de 1789, a fundar un orden estable sobre la libertad y la propiedad burguesas, y a no aceptar la igualdad, sino como una igualdad de oportunidades y no de derechos, fue definitivamente rechazado. Lafayette, que intentó en vano, hacer marchar sus tropas sobre Paris, tuvo que huir a refugiarse entre los adversarios de un régimen, al que él había bautizado.
El fracaso de los fuldenses, dependió en gran parte de la persona real. Educado en la tradición del absolutismo, formado en la creencia de que su voluntad era la única legalidad, solidario especialmente con los aristócratas, Luis XVI no había admitido nada nuevo, desde su programa del 23 de junio de 1789. Por no haberse atrevido, en 1789, a cambiar de dinastía, como lo hicieron los ingleses en 1688, los burgueses liberales – los fuldenses - se condenaron al suicidio.
Había llegado la hora de los burgueses demócratas. Reclutados en las capas más modestas de la burguesía, los demócratas no tenían aquel respeto innato de las minorías selectas, que había conducido a los fuldenses, a codearse con una franja de nobles liberales. Pero compartía el respeto a la propiedad y, aunque tuvieron que aceptar el apoyo popular, para luchar contra la aristocracia y contra Europa, no querían dejarse desbordar, ni abandonar las palancas de mando. Se habían dividido, por primera vez, sobre el tema de las concesiones, que debían ser hechas al pueblo. Tales divisiones reaparecerían. Al ponerlas en primer plano, al enfrentar a Robespierre y a Brissot en la preparación del 10 de agosto, se arriesgaron a romper artificialmente, la unidad fundamental del periodo que entonces se habría: el de la democracia política.
Era la democracia social, lo que el pueblo humilde de las ciudades y de los campos deseaba, con más o menos clara conciencia. A los campesinos lo que les importaba, era liberarse totalmente de las trabas señoriales que subsistían, y llegar más ampliamente al botín, que la burguesía había sacado a la plaza pública: los bienes nacionales.
En Paris los “sans-culottes”, se habían convertido en una fuerza autónoma y temible. A sus ojos el 10 de agosto era una victoria incompleta. Desde entonces, su fuerza iba a gravitar cada vez con mayor peso, como si la historia pudiera ser forzada; como si las fuerzas vivas del capital, pudieran ser obligadas, apenas liberadas, a volver a sujetarse a la argolla de las virtuosas y pobres comunidades de la Edad Media. Sin el virtuoso cemento, ofrecido por la guerra contra las potencias europeas, tal contracorriente se habría perdido muy pronto. Pero el patriotismo revolucionario, ya se había convertido en una especie de religión. Y tenía ya sus mártires. Mañana, con las derrotas, iba a tener su Inquisición y sus hogueras.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.
La Redacción recomienda
- Leer las peripecias de Teresa de Jesús en el cómic
- La historia del guardia civil que se sublevó para salvar a sus vecinos llega al cine
- Las personas de la Edad Media no eran tan sucias como se piensa, según historiadores
- Henry Kissinger cambió el mundo, para bien o para mal
- ¿Cómo eran las viviendas paleolíticas mejor conservadas del mundo?