La Gran Logia Simbólica Regional Catalana surgió en el seno de una polémica propia, interna, de la masonería entre lo que se denomina filosofismo y simbolismo dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. El primero se refiere a lo que en dicho rito se denominan los altos grados, es decir, del cuarto al 33. El simbolismo se refiere a los tres grados primeros (aprendiz, compañero y maestro) en las logias. Pues bien, los grandes orientes asentados en el filosofismo ejercían un gran poder de control sobre el simbolismo, es decir, sobre las logias, la base de toda obediencia. En España este conflicto estrictamente masónico dio como resultado una especie de movimiento simbolista, naciendo obediencias que pasaron a ser grandes logias simbólicas pero independientes de los grandes orientes, generando polémicas y conflictos entre unas y otros. Los grandes orientes aludían a la necesidad de la unión como un instrumento fundamental para la implantación de la masonería en la sociedad, pero las grandes logias simbólicas apelaban a la autonomía, a la libertad, a un concepto más democrático de la masonería. Pero, además de este aspecto puramente masónico el movimiento simbolista tuvo una repercusión, digamos nacionalista en España, ya que nacieron en distintas regiones, y fue, precisamente en Cataluña donde se dio con más fuerza ese movimiento, con la creación de la Gran Logia Simbólica Catalana en 1886, aunque también hay que destacar que se crearon otras Grandes Logias Simbólicas en el resto de España Pero, a excepción la catalana, las demás tuvieron una existencia muy breve, y solamente esta tuvo su vinculación regionalista y nacionalista.