La masonería catalana decimonónica
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La Gran Logia Simbólica Regional Catalana surgió en el seno de una polémica propia, interna, de la masonería entre lo que se denomina filosofismo y simbolismo dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. El primero se refiere a lo que en dicho rito se denominan los altos grados, es decir, del cuarto al 33. El simbolismo se refiere a los tres grados primeros (aprendiz, compañero y maestro) en las logias. Pues bien, los grandes orientes asentados en el filosofismo ejercían un gran poder de control sobre el simbolismo, es decir, sobre las logias, la base de toda obediencia. En España este conflicto estrictamente masónico dio como resultado una especie de movimiento simbolista, naciendo obediencias que pasaron a ser grandes logias simbólicas pero independientes de los grandes orientes, generando polémicas y conflictos entre unas y otros. Los grandes orientes aludían a la necesidad de la unión como un instrumento fundamental para la implantación de la masonería en la sociedad, pero las grandes logias simbólicas apelaban a la autonomía, a la libertad, a un concepto más democrático de la masonería. Pero, además de este aspecto puramente masónico el movimiento simbolista tuvo una repercusión, digamos nacionalista en España, ya que nacieron en distintas regiones, y fue, precisamente en Cataluña donde se dio con más fuerza ese movimiento, con la creación de la Gran Logia Simbólica Catalana en 1886, aunque también hay que destacar que se crearon otras Grandes Logias Simbólicas en el resto de España Pero, a excepción la catalana, las demás tuvieron una existencia muy breve, y solamente esta tuvo su vinculación regionalista y nacionalista.
Antes de la creación de la Gan Logia Simbólica de la Región Catalana, un grupo de masones republicanos, catalanistas y federalistas había formado en 1881 la logia Avant en Barcelona, siendo su venerable maestro uno de los personajes masónicos más importantes del siglo XIX, Rossend Arús, junto con Lorenzo Frau Abrines y Juan B. Salas i Anton. Ese fue el núcleo que permitió poner en marcha la nueva Gran Logia, basada en el simbolismo, la autonomía y el fin de la veneración del Gran Arquitecto del Universo.
La Gran Logia Simbólica Catalana se basó en esos principios masónicos mencionados, pero también proclamó en sus estatutos que tendría como objetivo conseguir que Cataluña formase un Estado soberano y autónomo, es decir, toda una declaración de nacionalismo de signo catalanista, planteando, eso sí, una especie de contrato con el resto de «regiones ibé ricas». Su lengua oficial sería el catalán en el ámbito interno y el castellano sería empleado en las relaciones exteriores de la obediencia. Arús fue su primer gran maestro. El proyecto de Constituciones de la Gran Logia decía en 1886 que pretendía conseguir que Cataluña formase un Estado soberano y autónomo sin otras limitaciones que, las derivadas del contrato que se diese con las demás regiones. Además, se defendía el establecimiento en Cataluña de instituciones que garantizasen la inviolabilidad del derecho, del creciente bienestar y del progreso de la región catalana. En relación, con estos aspectos se veía como necesario que Cataluña tuviera poderes propios, eso sí, electivos y separados unos de otros, y en relación con el cuidado de todo lo referente al gobierno interior de la región, es decir, “de todo cuanto este no haya delegado en uso de su soberanía en los poderes nacionales para el regular funcionamiento de la vida interregional”. En cuarto lugar, habría que promover y secundar todo cuando pudiera llevar a Cataluña a la proclamación y aseguramiento de su autonomía. En sexto lugar, habría que procurar en todas las demás regiones españolas la constitución de grandes logias regionales que proclamasen, sostuvieran y defendieran para su región respectiva, lo que para Cataluña proclamaba y defendía esta Gran Logia.
La creación de esta obediencia fue una especie de terremoto en el panorama masónico español porque se consideró que era una organización política y no masónica, y por tanto las obediencias se negaban a tener relaciones con la misma. La masonería española no prestó mucha atención a un cambio masónico fundamental, y que generó en Francia, donde también se dio, una gran polémica, la cual tenía que ver con la veneración o no al Gran Arquitecto del Universo, sino solamente a la fe nacionalista catalanista de la nueva obediencia. Para el Gran Oriente Español esos planteamientos eran disolventes al pretender crear nuevos Estados, y, por consiguiente, cuestionar el Estado español, reafirmando el nacionalismo españolista de la principal obediencia masónica española.
Por fin, el mencionado Arús legó a Barcelona una enorme riqueza cultural, donando su casa y biblioteca en el Passeig de Sant Joan, que hoy es una importante biblioteca de distintos temas, pero especialmente concernientes a la masonería, es decir, la Biblioteca Pública Arús. Por eso terminamos con una cita del propio Arús, que aparece en la página web de la Biblioteca:
“Cuanta más ilustración tiene un pueblo, más lejos está del absolutismo”.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.