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Corsarios y patentes de corso

Aunque los términos de corsario y pirata se suelen emplear de forma indistinta, en realidad no eran lo mismo. Ambos atacaban y obtenían botines de los barcos que apresaban, pero mientras el pirata actuaba por cuenta propia, el corsario lo hacía con una especie de licencia –patente de corso- que le otorgaba su monarca u otra autoridad que le permitía actuar con una serie de condiciones, por lo que era un instrumento a su servicio. Los corsarios podían hacer mucho daño al comercio de una potencia enemiga. El fenómeno del corso –término que procede del latín, “cursus”, carrera- fue muy importante, especialmente, en el Mediterráneo, entre los siglos XII y XVI. El corso fue practicado por casi todas las potencias, ya fueran musulmanas, ya cristianas. Con el descubrimiento de América el corso pasó al Océano Atlántico. Los principales corsarios de los siglos XVI y XVII fueron ingleses y holandeses, fenómeno que tiene relación con el deseo de sus gobiernos de romper el monopolio comercial castellano.

Francis Drake es, sin lugar a dudas, el corsario más famoso en su lucha contra los intereses de la Monarquía Hispánica y que llegó a ser nombrado caballero por Isabel I. En el caso español, habría que citar, en el siglo anterior, al vasco Iñigo de Artieta, armador, marino y comerciante, y que ejerció el corso en el Mediterráneo en tiempos de los Reyes Católicos.

El Tratado de Utrecht de 1713 intentó terminar con las patentes de corso, al declararlas prohibidas, pero el fenómeno continuó durante el siglo XVIII. En 1792 la Asamblea francesa también prohibió el corso, pero siguió existiendo, siendo muy activo en la época de los procesos de emancipación de la América hispana. Los corsarios tuvieron un gran protagonismo en la guerra de independencia de Argentina, destacando la figura de Guillermo Brown, irlandés nacionalizado argentino y padre de la marina del nuevo estado independiente. Además, hay que destacar la llamada guerra del corso entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Brasil, que terminó en 1827 por la presión de Inglaterra que veía muy perjudicados sus intereses comerciales en la zona con este conflicto.

El corso fue declarado prohibido por el Tratado de París de 1856, que ponía fin a la guerra de Crimea.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.