EL OBRERO PERIODISMO DE DATOS
18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
De la jornada de 9 horas al derecho a la vivienda: más de un siglo de huelgas generales en España
LoboPhotoESP/Shutterstock

El próximo 11 de noviembre está convocada una huelga general en protesta por el coste de la vivienda y la evolución de los salarios en términos reales. Las organizaciones convocantes son Comisiones Obreras (CC. OO.), la Unión General de Trabajadores (UGT), la Confederación General del Trabajo (CGT), la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Co.Bas, Intersindical y la Unión de Actores y Actrices.

La particularidad de esta protesta radica en que la convocatoria responde a una demanda previa de colectivos sociales movilizados por el derecho a la vivienda, especialmente el Sindicato de Inquilinas, tras las protestas generadas por el desahucio de la octogenaria Maricarmen Abascal y la posterior acampada en la Puerta del Sol.

125 años de huelgas

La historia de la huelga general en España aúna conflictos laborales, movilizaciones de oposición y rechazo a determinados modelos políticos y económicos. Su recorrido refleja cómo han cambiado las prioridades de la clase trabajadora y quiénes protagonizan las movilizaciones.

En el siguiente repaso analizamos sus motivos, su impacto, cómo han evolucionado sus protagonistas y su capacidad real de influir en el marco social y político vigente en cada momento.

Razones para ir a la huelga

El primer hito relevante fue la huelga de febrero de 1902 en Barcelona, impulsada por el movimiento anarcosindicalista. La reivindicación era concreta: reducir la jornada laboral a nueve horas. Aunque no se extendió mucho más allá de Cataluña, fue secundada por más de 100 000 personas y forzó al gobierno de Sagasta a declarar el estado de guerra. Aquel episodio dejó al descubierto la incapacidad de los partidos para responder a las demandas sociales de la población.

Ametralladora desplegada en Cuatro Caminos (Madrid) durante la huelga de 1917. José Pío Alonso/Wikipedia, CC BY

Quince años después, en agosto de 1917, los sindicatos UGT y CNT convocaron la primera gran huelga de alcance nacional. En un contexto de inflación desbocada, los convocantes exigieron la bajada de precios de los productos básicos y un cambio de régimen. La represión fue brutal –hubo decenas de muertos y miles de detenciones– pero la grieta en el sistema de la Restauración ya era irreparable.

Durante la Segunda República, la huelga de octubre de 1934 se planteó en oposición al desmantelamiento de las reformas agrarias, laborales, educativas y autonómicas de los dos primeros años de la II República. Fue especialmente intensa en Asturias, donde tuvo un carácter insurreccional y dejó más de 1 500 muertos. Aquel episodio fue el germen del Frente Popular que ganaría las elecciones de febrero de 1936.

Las huelgas, el franquismo y la Transición

Durante la dictadura franquista, aunque la huelga estaba tipificada como delito de sedición, se produjeron paros sectoriales importantes. Destaca La Huelgona (Asturias, abril-junio de 1962), iniciada por el despido de siete trabajadores que reclamaban mejoras laborales. El conflicto, que se extendió a 27 provincias y reunió a unos 300 000 huelguistas, obligó al régimen a negociar mejoras salariales y de jubilación, así como a liberar a los detenidos. Esto supuso un punto de inflexión que impulsó la oposición sindical y el nacimiento clandestino de las primeras Comisiones Obreras.

Tras la muerte de Franco, la huelga general del 12 de noviembre de 1976, convocada por la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (CC. OO., UGT y USO), exigió amnistía para los presos políticos, libertad sindical y un salario mínimo digno. La secundaron cerca de dos millones de personas y presionó al gobierno de Suárez para acelerar la legalización de los partidos y sindicatos en la primavera de 1977.

Dos años después, el 5 de abril de 1978, CC OO y UGT convocaron una huelga general de solo una hora de duración, enmarcada en el contexto de una protesta europea contra el desempleo. Tuvo un seguimiento de aproximadamente cuatro millones de personas trabajadoras, según los convocantes.

Los sindicatos contra los gobiernos socialistas

Durante los gobiernos de Felipe González, los grandes sindicatos pasaron de la alianza con el PSOE a la confrontación. Así ocurrió por vez primera en la huelga general del 20 de junio de 1985, convocada por CC OO contra la reforma de las pensiones.

El momento culminante llegó el 14 de diciembre de 1988, con el paro convocado por CC OO y UGT contra el Plan de Empleo Juvenil que instauraba los contratos basura. El seguimiento fue masivo: más de ocho millones de trabajadores secundaron la huelga y las calles de las grandes ciudades quedaron prácticamente vacías. El plan fue retirado, y Gobierno y sindicatos firmaron lo que se llamó el giro social.

La década de 1990 trajo nuevas convocatorias. El 28 de mayo de 1992, UGT y CC OO convocaron una huelga de media jornada –que en Murcia y Baleares fue de 24 horas– contra el recorte del subsidio de desempleo y el proyecto de ley de huelga.

Dos años después, el 27 de enero de 1994, ambos sindicatos convocaron un nuevo paro general contra la reforma laboral que legalizó las empresas de trabajo temporal (ETT) y abarató el despido. El seguimiento fue muy elevado en la industria y el transporte, aunque limitado en los servicios: para los sindicatos fue del 90 %, mientras que el Gobierno lo situó en torno al 30 %. Pese a que la reforma no se derogó, los sindicatos lograron neutralizar sus efectos en la negociación colectiva.

Siglo XXI: reformas, recortes, feminismo y vivienda

El nuevo siglo comenzó con la huelga general del 20 de junio de 2002, convocada por UGT y CC OO contra la reforma del sistema de protección por desempleo del gobierno de Aznar, conocida como el decretazo. La respuesta social fue amplia y forzó al Gobierno a anular la reforma.

Manifestación en Madrid durante la huelga general del 14 de noviembre de 2012.
Manifestación en Madrid durante la huelga general del 14 de noviembre de 2012. Wikimedia Commons, CC BY

La crisis de 2008 abrió un nuevo ciclo de protestas. En 2010 y 2012 se sucedieron huelgas generales contra las reformas y los recortes de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. La del 14 de noviembre de 2012, además, tuvo una particularidad: fue una huelga general simultánea en varios países del sur de Europa, con paros en España, Portugal, Grecia e Italia.

Aunque no lograron revertir las reformas, su efecto político resultó duradero: intensificaron el rechazo social a la precariedad y alimentaron movimientos posteriores como las mareas y las Marchas de la Dignidad.

Más recientemente, las huelgas del 8 de marzo de 2018 y 2019, convocadas por el movimiento feminista, ampliaron la definición misma de trabajo para incluir los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico. Bajo el lema “Si nosotras paramos, se para el mundo”, millones de mujeres secundaron paros de 24 horas y condicionaron la agenda política.

De lo estrictamente económico a los derechos sociales

En más de un siglo, las reivindicaciones de la huelga general han dejado de ceñirse a lo estrictamente económico para abarcar derechos sociales, igualdad de género y, ahora, la justicia habitacional. Y los protagonistas también se han ampliado: de los mineros y metalúrgicos a los empleados del sector servicios, las feministas y los colectivos urbanos precarizados.

Las huelgas de las últimas décadas ya no se miden solo por la retirada inmediata de una ley, sino por su capacidad de instalar un problema en la agenda pública y de tejer alianzas duraderas en la sociedad civil. La cita del 11 de noviembre será, en ese sentido, una nueva prueba de hasta dónde puede llegar esa herramienta.The Conversation

José Enrique Ruiz Saura, Profesor ayudante doctor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universidad de Murcia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

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